Puebla y el Plan de Iguala

Sergio M. Andrade Covarrubias

Considerado sin lugar a dudas el documento fundacional del periodo independiente de nuestro país, el llamado Plan de Iguala contó para su buen éxito con la anuencia de los diversos sectores que tenían alguna capacidad de decisión en torno a los debates políticos que por aquel entonces se sucedían intermitentemente, englobando en sus propuestas tanto a criollos como peninsulares, insurgentes y realistas o liberales y conservadores. Cinco puntos sustanciales daban fuerza al contenido de dicho Plan: la primacía de la religión católica sobre cualquier otra, la defensa de los fueros y privilegios de los miembros pertenecientes al clero, la independencia de México bajo la forma de una monarquía moderada, la unión entre todos los habitantes del nuevo país, ahora como ciudadanos con derechos iguales y la protección de estas y otras medidas por medio de un nuevo ejército llamado “Trigarante” o de las “Tres Garantías”.

Diversas hipótesis se han enarbolado con el fin de explicar el origen del Plan de Iguala y sus verdaderos creadores. Hay quien afirma que fue Agustín de Iturbide por sí mismo quien discurrió la propuesta, para después conseguir el apoyo de los demás sectores, principalmente del clero y los insurgentes. Alguien más pone énfasis en que fueron los instigadores de la “Conspiración de la Profesa”, unidos a otros miembros del clero y aun del propio virrey Apodaca quienes tuvieron el papel principal en la elaboración del mismo y que aprovechando sus nexos hicieron de Iturbide comandante general del sur con el fin de enfrentar a Vicente Guerrero para, en última instancia, negociar con él la aceptación del Plan y, por ende, la consumación de la independencia. Finalmente, existe la versión de Ernesto Lemoine de que fue precisamente el caudillo del sur quien “discurrió con seis meses de antelación a Iguala el único plan viable que por entonces podía conducir a la independencia y que fue, cabalmente, el que Iturbide encabezó”, demostrando que fue Guerrero el que propuso un plan a sus enemigos, contando inclusive con la venia de Apodaca. Pero independientemente de estas controversias lo que debe quedar claro, como dice la doctora Cristina Gómez, es que “el gobierno liberal y su política anticlerical arrojó al clero, alto y bajo, liberal y conservador, a los brazos de la causa independentista, y que la Iglesia, usando como arma central la defensa de la religión… jugó un papel muy importante para que el Plan de Iguala lograra éxito”.

Ya se ha estudiado el papel central que los dignatarios poblanos tuvieron a lo largo del periodo de guerra insurgente, por lo que sólo nos limitaremos a recordar los hechos y personajes alrededor de la impresión y publicación del famoso Plan.

En enero de 1821 la efervescencia independentista estaba en todo lo alto; ya comenzaban la correspondencia entre los dos actores principales en esta contienda, Guerrero e Iturbide, y las diversas corporaciones de comerciantes, hacendados e intelectuales, así como el clero, estaban a la espera del derrotero de las acciones a seguir. En tales circunstancias, Iturbide comisionó a la ciudad de México uno de sus cercanos, don Miguel Cavalieri, con la encomienda de conseguir los útiles adecuados para conformar una imprenta necesaria para sus propósitos. A pesar de ingentes esfuerzos, este señor no pudo cumplir con la misión, por lo que a su vez envió a un capitán de apellido Magán con las mismas instrucciones. Dicho capitán se dirigió con el famoso impresor Pedro de la Rosa, quien se negó a proporcionarle tales aditamentos, viniendo en su auxilio Ignacio Rodríguez de Alconedo (hermano del patriota don José Luis), el cual lo relacionó con el Presbítero Joaquín Furlong, prepósito de la Concordia y dueño de una pequeña imprenta. Entre este último, el capitán Magán y un cajista de nombre Mariano Monroy imprimieron el 12 de febrero de 1821 tanto el Plan de Iguala como la proclama con la cual se dio a conocer el día 24 siguiente.

Finalmente, Magán, Monroy y un sacerdote de Cholula llamado José Manuel de Herrera, condujeron a la ciudad de Iguala los ejemplares impresos y los utensilios necesarios (tipos, prensas, etc.), para acondicionar la imprenta donde posteriormente se comenzó a publicar “El Mexicano Independiente”, órgano del movimiento insurgente, bajo el pie de “Imprenta de portátil del Ejército Trigarante”.

Mientras tanto, en nuestra ciudad, el Plan de Iguala se dio a conocer el 3 de marzo en el suplemento número 14 del periódico “La Abeja Poblana” (considerado por mucho tiempo el primer periódico poblano, no siendo así), dirigido por el sacerdote Juan Nepomuceno Troncoso, convirtiéndose por este hecho en el periódico donde se originalmente se divulgó ampliamente ese documento del bando independentista y que a la larga se convertiría en la base de los tratados de Córdova del mes de agosto subsecuente y su culminación: el Acta de Independencia Mexicana.

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