El Parián de Puebla. Mercado de artesanías

Sergio M. Andrade Covarrubias

In memoriam de mi viejo amigo Marco Antonio González Giffard

En el año de 1960 las autoridades municipales decidieron retirar a los comerciantes establecidos en las “alacenas” de los portales que circundaban la plaza central de la ciudad o zócalo de Puebla, para ofrecerles instalarse en el antiguo mercado del “Parián” (término copiado del nombre del mercado de Manila y derivado del tagalo o de un dialecto paquistaní). Salvadas las distancias, este hecho recuerda la acción del Intendente de Puebla Manuel de Flon, Conde de la Cadena, que desde los años finales del siglo XVIII pretendió retirar a los mercaderes que ofrecían toda clase de mercancías en el tianguis montado al efecto en esa plaza, poniendo como motivo la necesidad de regresarle a ese céntrico sitio su “hermoso aspecto”, exigiendo que los comerciantes se trasladaran a la antigua Plazuela de san Roque donde se instalaría el nuevo mercado o Parián”. A la larga, según lo narra Eduardo Gómez Haro en su libro La Ciudad de Puebla y la Guerra de Independencia, la pretensión de retirarlos “ayudó a fertilizar el terreno en que, andando el tiempo, iba a caer la simiente de la revolución”; es decir que de la suma de pequeñas causas pueden llegar a surgir los grandes acontecimientos, como en nuestro caso fue el comienzo de la guerra de independencia.

Para febrero del año de 1801 el arquitecto Antonio de Santa María, maestro de obras de la ciudad, informaba que los gastos del nuevo mercado ascendían a más de catorce mil pesos; en septiembre de ese mismo año el intendente Flon ordenaba que los vendedores se trasladaran junto con sus mercancías al nuevo local, “dejando desembarazada la plaza y ocupada sólo por los vendedores de frutas y verduras, que continuarían, como hasta entonces, haciendo allí el tianguis”. Sin embargo, para julio de 1803 se habrían gastado en dicha obra la cantidad de dieciocho mil quinientos cuarenta y tres pesos tres y medio reales, permaneciendo los locales cerrados y con los baratilleros (comerciantes del baratillo) inconformándose repetidas veces contra las prensiones del señor intendente y los miembros del Ayuntamiento contando con la ayuda de un abogado, argumentando entre otros pareceres la lejanía del centro de la ciudad y a la vez la cercanía con el río de san Francisco, lo elevado de la renta de los llamados “cajones”, la inseguridad y los daños a su salud, previendo el fracaso de la nueva plaza. Sus protestas y gestiones estuvieron a punto de generar un movimiento popular de amplias dimensiones que fue reprimido de la peor manera por el intendente Conde la Cadena, logrando solamente exaltar más los ánimos, “vigorizando el fermento revolucionario, que ya comenzaba a agitar al pueblo”, según lo descrito por Gómez Haro. Con todo, la plaza del Parián llegaría a ser ocupada, aunque con la venta de géneros distintos de los con que originalmente se abrió.

Pocos datos históricos se han podido rescatar acerca del Parián; baste decir que, en el año de 1854, con motivo de la construcción del mercado posteriormente llamado “de la Victoria” en terrenos y propiedades del convento de santo Domingo, el Ayuntamiento de Puebla hipotecó a favor de dicho convento el edificio del Parián como garantía de los perjuicios que podrían resultar de “que la obra se principiase y no se acabase”, según reza la escritura correspondiente, cancelada en 1882, muchos años después.

Otros datos interesantes son: uno, que el nombre del callejón oriental del mercado llevó el nombre de “Zapateros” puesto que ahí la especialidad era la fabricación y venta de zapatos y que posteriormente se renombró como “calle de Carlos B. Zetina” en honor del industrial originario de Chalchicomula, fundador de la gran fábrica de calzado “Excelsior”; y dos, el relativo a la inauguración del mercado “Cuauhtémoc” en el mismo lugar que ocupa el Parián, de acuerdo con la placa colocada en uno de los accesos y que reza así: “MERCADO CUAUHTEMOC. Inaugurado el día 12 de octubre de 1922, siendo Presidente Municipal el C. Lic. Salvador Espíndola. Puebla”. De seguro los locatarios de este último mercado fueron aquellos trasladados al mercado de la Victoria, dejando su lugar a los nuevos inquilinos que al paso del tiempo siguen ofreciendo sus productos artesanales a los visitantes que acuden en búsqueda de algún recuerdo de nuestra ciudad.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *