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Manuel Calvo: unas líneas breves pero relevantes

Manuel Calvo: unas líneas breves pero relevantes

Junio 04, 2021 / Por Alejandro Hernández Daniel

Un paquete proveniente de Madrid llegó a casa un par de días atrás. Se trataba de unos libros cuyo envío y gesto corrió a cargo del periodista de ciencia español Antonio Calvo Roy, quien ha presidido la Asociación Española de Comunicación Científica (AECC), fundada por su padre, el también reconocido periodista y divulgador de la ciencia Manuel Calvo Hernando, pero bajo el nombre de Asociación Española de Periodismo Científico, que inició su existencia en 1971 y cambiaría posteriormente a AECC.

De manera previa, ya había establecido contacto con Antonio Calvo, aunque con un interés distinto al del periodismo de ciencia y pude conocer también acerca de la relevancia de la labor y esfuerzos de su padre para el gremio de divulgadores y periodistas de ciencia, sobre todo en países hispanohablantes (véase: CTS Primera Época, Periodismo científico Antonio Calvo Roy). Uno de los libros recién llegados llamó de manera particular mi atención, pues además de ofrecer una semblanza de Manuel Calvo, también incluía unos breves textos de su propia autoría que considero personalmente interesantes.

La colección “Desde la biblioteca” del Instituto Tecnológico Metropolitano en Medellín, Colombia, ofreció una serie dedicada a divulgadores de la ciencia y en el número dedicado a Manuel Calvo puede leerse la que consideré la más relevante:

Algunos autores llegan a entrever una antropología de la difusión cultural, de la que la divulgación sólo sería uno de los componentes.”

Es curioso que estas breves líneas, publicadas en 2011,* se asemejen en cierto sentido a una observación que yo había compartido hace dos semanas, en las que afirmaba que cualquier gremio o asociación de periodistas de ciencia pudiera pasar bajo el escrutinio de otras especialidades periodísticas o fuese objeto de estudio de campos como la sociología o la antropología (véase: CTS, René Anaya: una charla entre colegas sobre periodismo científico).

Considero que tampoco los periodistas de ciencia escapan a un análisis riguroso que cuestione los intereses de sus miembros, quién o quiénes presiden en turno a estos grupos, o de qué fuentes, tanto informativas como económicas, dependen para operar. Esto no es gratuito, pues en el contexto de la publicación de un “Manifiesto por la democracia” (y anexos), en días anteriores, contra el gobierno actual, es más que evidente la simpatía e inclinación de varios de estos grupos o asociaciones dedicados al periodismo de ciencia, escudándose muchas veces en una pretendida neutralidad, como si no existieran intereses que los movilizaran en favor de una postura obvia.

Por ejemplo, ¿acaso se juega en un terreno nivelado cuando alguien que posee una imagen más que visible en divulgación y periodismo científico desde una posición institucional privilegiada durante años, plantea y sugiere el voto por una oposición política argumentando un daño para la ciencia? ¿Para la ciencia? ¿O para grupos específicos con nombres y apellidos?

¿Acaso no sería también interesante someter a la opinión pública por cuáles medios uno ha pasado profesionalmente o abreva? ¿Qué opinaría el público si sabe que estamos ligados a ciertos medios de comunicación, como Televisa, ForoTV, El Financiero, o resaltamos las notas de Latinus? Si la gente sabe lo que le conviene, no se le trata de estúpida y tiene un buen criterio, dejemos que decida en las urnas sin la tan cacareada frase de que se le hace mal a la ciencia o se le daña. Fuera máscaras.

En esta colaboración, más que breve, sólo quisiera resaltar otro punto interesante de don Manuel Calvo: una cita suya a dos investigadores de los cuales soy personalmente partidario, Harry Collins y Trevor Pinch, pues a diferencia del santificado físico y filósofo argentino Mario Bunge, que es tan socorrido por algunos círculos de académicos y profesionales de la ciencia en México y que representa ya una visión superada sobre la ciencia, parece que don Manuel pudo vislumbrar, en sus últimos años, algo más allá que aquellas posturas conservadoras y acartonadas sobre la ciencia de aquel físico vuelto filósofo que pasó sus últimos días en la Universidad de McGill en Canadá.

 

 

* Para una lectura fascinante sobre Manuel Calvo Hernando, recomiendo: Desde la biblioteca. Antonio Calvo, Instituto Tecnológico Metropolitano, Departamento de Biblioteca y Extensión Cultural, Medellín-Colombia, 2015.

Alejandro Hernández Daniel

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