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Una cita de Paulo Freire a François Jacob

Una cita de Paulo Freire a François Jacob

Septiembre 10, 2021 / Por Alejandro Hernández Daniel

Portada: El educador brasileño Paulo Freire y el biólogo francés François Jacob

 

Este 31 de agosto pasado se celebraron 40 años a nivel nacional del Instituto Nacional de Educación para Adultos (INEA). No es mi intención realizar propaganda de esta institución, pues sé perfectamente, después de dos décadas de labor continua —desde el 2001 al día de hoy y a través de desempeñarme en distintas figuras operativas dentro de una de las catorce coordinaciones del instituto en el estado de Puebla—, que lejos de responder a un ideal institucional que muchas veces se queda corto al menos me hizo recordar, por medio de un mural improvisado pegado a las afueras de las oficinas —y mientras hacía una visita a una de las catorce coordinaciones de zona—, a una de las figuras importantes de la educación como lo es el abogado de formación y educador por vocación brasilero Paulo Freire que, de manera coincidente, alcanza el centenario de su nacimiento este próximo 19 de septiembre.

En todos los años anteriores que trabajé para el INEA no había recordado que se fomentara la memoria de Freire (al menos en la coordinación en la que he laborado) sino desde hace sólo un par de años. Fue hasta que llegué a colaborar como Instructor Comunitario para el Consejo Nacional de Fomento Educativo de Puebla (CONAFE), en el 2012, cuando tuve mi primer acercamiento a su pensamiento tras la lectura de su libro Professora sim; tia não, cartas a quem ousa ensinar,[1] publicado en 1993.

Este libro puede entenderse como un texto dirigido expresamente a los profesores, y en particular a las profesoras del aparato escolar del Brasil, en pos de reivindicar su profesión y el trabajo que realizan ante y para niños y jóvenes. Vio la luz en un contexto de irrupción de nuevas tecnologías de la última década del siglo XX y en medio de una crisis que, según Freire, reunía características como la decreciente valoración social de los profesores, paupérrimas condiciones para la enseñanza o escazas oportunidades de formación.

Fue uno de los primeros libros que literalmente devoré página por página, pues aunque mi primera formación profesional fue en Biología, resultó de mi interés que Freire citara brevemente en su libro a dos personalidades relevantes de la historia de la biología en la “Primeira Carta. Ensinar-Aprender leitura do mundo-Leitura da palabra”: al biólogo y epistemólogo suizo Jean Piaget, de quien el propio Freire recomienda sus lecturas, y al médico francés François Jacob, devenido a biólogo que, junto a sus colegas Jacques Monod y André Lwoff, obtuvo el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1965 por sus investigaciones acerca de la regulación de la expresión génica en los microorganismos que explican como las proteínas conocidas como reguladoras, controlan la expresión del genoma.[2]

Considero que es más fácil asociar a Piaget con cuestiones educativas por las adecuaciones y domesticación de su obra por parte de filósofos o educadores, como para ser tomado en cuenta por Paulo Freire, pero me resultó peculiar en aquel entonces la mención a François Jacob, pues a diferencia de Piaget, Jacob se desempeñó y trabajó en Biología Molecular, que no es tan accesible ni comprensible para alguien que no estuviera iniciado o que no perteneciera al gremio de los biólogos.

¿Pero por qué razón Freire citaría a Jacob? La cita es muy breve y se puede encontrar en una sola página. De manera textual se lee: “es necesario no sólo que no demos cuenta de cómo estamos siendo, sino que nos asumamos plenamente como esos seres programados para aprender de los que nos habla François Jacob”, rematando con la fuente a pie de página en francés “Nous sommes programmés mais pour apprende”, Le courrier de L´UNESCO, París, febrero de 1991.

Por experiencia propia, y tras indagar anteriormente en conceptos biológicos detrás de la epistemología genética de Jean Piaget y de lo que ello se pueda derivar o aplicarse en educación, sospecho que hasta el momento han sido muy pocas las personas que siquiera hubieran intentado buscar el documento original alusivo a François Jacob en el libro de Freire por dos razones. La primera sería que, tanto en el libro original en portugués y como en su traducción al castellano, la fuente a pie de página se encuentra en francés, lo que representa un problema al menos para la mayoría de anglo, hispano o luso hablantes del continente americano. Segundo, porque no todos aquellos interesados en educación están dispuestos a leer algo que pueda o tenga que decir un especialista en Biología Molecular como Jacob.

Tras un poco de búsqueda y paciencia por la red, pude encontrar el texto original en francés. Se trataba de “Entretien avec François Jacob” de la revista Le Courrier de l´UNESCO,[3] que es el órgano de difusión de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, y cuyo número también está disponible en español e inglés.

En sí mismo, el título del documento que hace alusión a Jacob en el pie de página del libro de Freire, “Nous sommes programmés mais pour apprende” (Estamos programados pero para aprender), no es el título sino solo una afirmación enfatizada de François Jacob ante la pregunta “Usted escribe también: ‘Cada ser contiene en sus cromosomas todo su futuro, las etapas del desarrollo’. ¿Qué margen de libertad nos queda entonces?, formulada al inicio de la entrevista y teniendo como contexto lo que Jacob escribió en uno de sus libros más importantes, La lógica de lo viviente,[4] publicado en 1970 y al que incluso Michel Foucault le dedicó palabras de elogio en su libro El orden del discurso.[5]

A lo largo de seis páginas de preguntas y respuestas que integran la entrevista para Le Courrier, François Jacob responde a cuestionamientos que parecen estar cargados de cierta inquietud por cuestiones que van desde el determinismo genético, el uso de la ingeniería genética y la manipulación del material hereditario, así como un planteamiento que a Jacob le resulta del todo absurdo: la oposición entre lo innato y lo adquirido, ante lo cual responde: “Para los biólogos modernos hay una estrecha relación entre estructuras hereditarias y aprendizaje [pues] Entre ambos hay una interacción permanente”.

Acto seguido, Jacob continúa con la respuesta que pareció captar la atención de Freire (con respecto al margen de libertad que puede quedar ante un programa genético que determina el desarrollo de un ser vivo):

“Un margen considerable. Se explotan más o menos las posibilidades escritas en los cromosomas. Y cada cultura orienta a su manera esas posibilidades. Según que uno nazca entre los bantúes o entre los esquimales, aprenderá a hablar bantú o esquimal. Es ya un primer sistema de selección. El programa genético fija al individuo un marco en el que la cultura introduce una determinada jerarquía de valores, una determinada forma de incitación, de motivación. Estamos programados pero para aprender…”.

Es decir, una interpretación posible de las líneas anteriores sería que Paulo Freire pudiera haberlo interpretarlo como la inserción de ese ser humano en un determinado escenario cultural específico del cual se abreva y, a la vez, de una indeterminación que posibilita la adquisición de nuevos conocimientos y el cambio social por medio de la educación, lo cual no es contradictorio con las posturas educativas de Freire. Lo cual podría revelar el propio Jacob pues menciona que “Cada programa, en efecto, no es totalmente rígido. Define estructuras que constituyen otras tantas potencialidades, probabilidades, tendencias: los genes determinan únicamente la constitución del individuo […] Todo sistema viviente está organizado de manera que no sepamos lo que ocurrirá mañana”, lo cual podría considerarse como una serie de posibilidades y restricciones tanto en el plano biológico como en el educativo.

Personalmente, me fascinó el tipo de palabras que utilizó Jacob en sus respuestas en esta entrevista, como “embrión” o “desarrollo”, así como una imagen peculiar de un embrión de rata que ilustra algunas de las páginas, pues al menos desde la década de los años setenta, Jacob cambió sus estudios en microorganismos por organismos superiores, interesándose por los fenómenos del desarrollo y su relación con los tumores.

Como alguien interesado en la historia de la embriología, de la biología del desarrollo y la educación, aprecio cómo es que estas disciplinas y campos tanto de la ciencia y la educación, se encuentran vasos comunes de comunicación en literatura insospechada, como lo es el libro de Freire, además de que no podemos pasar por alto que tanto Jean Piaget como François Jacob estaban interesados en problemas del desarrollo biológico así como en tópicos sobre el aprendizaje cercanos a la educación, como aquella mítica discusión celebrada en el suburbio parisino de Royaumont, en octubre de 1975, donde ambos fueron asistentes y se conocieron personalmente.[6] Tambieén debemos resaltar el mérito de Freire por estar al tanto de lo que estos científicos pudieran decir y que él considerara como algo valioso, dejando migajas de un interés por la ciencia.

 

 

[1] Paulo Freire, Cartas a quien pretende enseñar, Siglo XXI editores.

[2] De acuerdo con la respuesta del propio François Jacob durante la entrevista para Le Courrier, el genoma: “es el conjunto de genes que constituyen el material genético de un individuo o de una especie en particular. Esos genes se encuentran en los cromosomas cuyo elemento principal es el famoso ADN, una molécula muy larga formada por la secuencia de cuatro radicales químicos”.

[3] Entrevista a François Jacob en El Correo de la UNESCO, Febrero de 1991, pp. 4-9.

[4] François Jacob, La lógica de lo viviente, Tusquets.

[5] Michel Foucault, El orden del discurso, Tusquets.

[6] Massimo Piattelli-Palmarini, Routledge & Kegan Paul, Language and Learning. The Debate between Jean Piaget and Noam Chomsky.

Alejandro Hernández Daniel

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