Desde el Sur

66 días de guerra

66 días de guerra

Mayo 10, 2022 / Por Márcia Batista Ramos

Imagen portada: Francisco de Goya, Los desastres de la guerra.

 

 

Tiempos de terror se acercan. Pronto

Frescas tumbas abundarán en todo lado.

Habrá hambre, terremotos, muerte por doquier,

Y un eclipse de sol y de luna.

Anna Ajmátova, “Julio de 1914”

 

La destrucción de una nación ante los ojos del mundo es lamentable porque coloca en tela de juicio el nivel de desarrollo moral y espiritual de los principales dirigentes del planeta. Como en ningún otro momento de la historia de la humanidad, la maldad y el desprecio absoluto por los demás pudo banalizarse y hacerse tan cotidianos.

Hay un esfuerzo de los medios de comunicación de convertir la guerra en una rutina a cumplir: un escenario donde se puede vivir con normalidad. Y en donde ellos puedan vender, con facilidad, su mercancía.

La historia nos muestra que, para los poderosos, los pueblos no son más que meros instrumentos que sirven a sus fines. Por eso son pasibles de ser sacrificados para alcanzar el éxito. Se les desprecia porque no se los reconoce como seres humanos, sino como objetos de los que se sirven.

El orgullo de Putin fue alimentado por la altivez y el endiosamiento por los oligarcas rusos que lo rodean, imbuidos de grandes intereses económicos. Por tal motivo, lo apoyan y utilizan su ego en constante crecimiento como escalera hacia sus fines.

El ego de Putin incluye su ansia de superioridad y es el núcleo de su narcisismo, del cual brota la indiferencia hacia el sufrimiento humano y el menosprecio a la vida en cualquiera de sus acepciones. Por eso no tiene reparos en asesinar a todos los civiles que considera un obstáculo en su camino, dejando en evidencia su profunda maldad.

Por su parte, las tropas rusas parecen estar compuestas por psicópatas capaces de inhumanas bajezas, deseosos de someter, con toda perversidad y toda crudeza, a mujeres y niñas. Revelando la maldad que llevan adentro, carentes de empatía hacia al otro, sin dignidad que les revista de algo de humanidad.

Esos soldados, bestias humanas, que dejaron sus hijas en casa y están violando a niñas en Ucrania, están mostrando la cara indigna de la humanidad que nadie quiere mirar (ya que no son los únicos ni los primeros). Y cuando termine la guerra y les juzguen por sus crímenes, no resultará fácil ni cómodo relacionarse con ellos. ¿Qué dirán sus hijas cuando sepan que son violadores de niñas?

Lo que está ocurriendo en la guerra debe repugnar a todos cuantos nos creemos humanos. No hay que discutir la relativización del bien y del mal. Estamos en el siglo XXI y los conceptos son claros. Además, el libre albedrío sirve para elegir el bien en cualquier circunstancia. El que obre diferente de lo correcto y despojado de dignidad, tendrá que rendir cuentas a la justicia y someterse a castigo.

Las noticias provocan una turbación interior en quienes las leemos.

Binden no invadió a Ucrania. Putin rompió el Tratado de Paz con Ucrania e invadió su territorio con diferentes excusas a lo largo de los meses que dura la contienda.

Las ignominias y ruindades que los rusos están cometiendo engendra odio y resentimiento. Toda esta miseria material puede conducir a más miseria moral. Las guerras nunca son necesarias. Un país que humilla a otro, multiplica las maldades entre los humillados y engendra odio y desprecio hacia su población, que quedará estigmatizada según la proporción del sufrimiento y vejaciones a que están sometiendo al pueblo ucraniano.

A mí no me importan las ideologías e intereses que se ocultan detrás del poder, tampoco cuál bando tiene más culpa o quién provocó a quién primero. Yo, Márcia Batista Ramos, reprocho la guerra. Estoy en contra del sacrificio humano por el deleite personal (de los que se creen dueños del mundo), de aquellos que jamás se pondrán en riesgo y que, además, tienen a sus familias a salvo, y logran mantener el glamour y la normalidad de sus existencias, mientras las mayorías (los pueblos), sufren el horror de la guerra en carne propia.

Me preocupa que antes que declaren, oficialmente, la Tercera Guerra Mundial, los combates sean intensos y que es posible seguirlos, detalladamente, por los medios de comunicación y por las redes sociales; mientras continúa pendiente la posible evacuación de los civiles atrapados en los sectores de combate en Ucrania.

Márcia Batista Ramos

Nació en Brasil, en el Estado de Rio Grande do Sul, en mayo de 1964. Es licenciada en Filosofía por la Universidade Federal de Santa María (UFSM)- RS, Brasil. Radica en Bolivia, en la ciudad de Oruro. Es gestora cultural, escritora y crítica literaria. Editora en Conexión Norte Sur Magazzín Internacional, España. Columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y columnista del Periódico Binacional Exilio, Puebla, México, Mandeinleon Magazine, España, Archivo.e-consulta.com, México, Revista Barbante, Brasil, El Mono Gramático, Uruguay. Además, es colaboradora ocasional en revistas culturales en catorce países (Rumania, Bolivia, México, Colombia, Honduras, Argentina, El Salvador, España, Chile, Brasil, Perú, Costa Rica, USA, China, Nepal, Uzbekistán, Paquistán, Arabia Saudita). Publicó: Mi Ángel y Yo (Cuento, 2009); La Muñeca Dolly (Novela, 2010); Consideraciones sobre la vida y los cuernos (Ensayo, 2010); Patty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista del Siglo XX (Esbozo Biográfico, 2011); Tengo Prisa Por Vivir (Novela Juvenil, 2011 y 2020); Escala de Grises – Primer Movimiento (Crónicas, 2015); Dueto (Drama, 2020); Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad –Violencia Contra la Mujer. (Ensayo, 2020); Universo Instantáneo (Microficción, 2020).

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