Desde el Sur

La muerte de YinYin ha roto el eje de la rueda

La muerte de YinYin ha roto el eje de la rueda

Diciembre 10, 2024 / Por Márcia Batista Ramos

“Querida mamá:

Creo que mejor hago en abandonar las cosas como están. No he sabido vencer, espero que en otro mundo exista más felicidad.

Cariñosamente tu Yin Yin.

Un abrazo a Palma”, 1943

 

No existe mayor dolor, que el dolor de perder a un hijo. Es una experiencia que va contra natura y cuando la muerte del hijo es por suicidio, la situación se agrava en gran medida. Cuando Gabriela Mistral perdió a su hijo se quedó postrada, no pudo caminar durante nueve días. ¡Dolor! Mucho dolor en el revés del parto. Precisamente el parto que ella negó durante la vida y que su amiga, heredera, albacea de su obra y compañera, Doris Dana, después de la muerte de Gabriela Mistral, confesó a la prensa chilena, en 1999 que, el supuesto sobrino de Gabriela Mistral, Juan Miguel Godoy Mendoza, alias Yin Yin, nacido en España y muerto en Brasil, era en realidad hijo biológico de Gabriela Mistral, producto de un romance con un hombre cuya identidad nunca se reveló.

El sábado 14 de agosto de 1943, Yin Yin cometió suicidio por ingesta de arsénico. Una muerte dolorosa después de una lenta agonía sangrante, ya que el arsénico hace que el cuerpo expulse sangre por todos los orificios y no hay poro que no se desangre hasta el fin…

Gabriela Mistral sufrió la agonía y la pérdida de su único retoño cuando YinYin tenía dieciocho años y era estudiante de agricultura. La poeta escribe su profundo dolor en el poema “Luto”:

 

En sólo una noche brotó de mi pecho,

subió, creció el árbol de luto,

empujó los huesos, abrió las carnes,

su cogollo llegó a mi cabeza.

Sobre hombros, sobre espaldas,

echó hojazones y ramas,

y en tres días estuve cubierta,

rica de él como de mi sangre.

¿Dónde me palpan ahora?

¿Qué brazo daré que no sea luto?

 

Gabriela Mistral, seudónimo de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, nació el 7 de abril de 1889 en Vicuña, Chile. Su padre, Jerónimo Godoy Villanueva, ex seminarista devenido en maestro de escuela. Su madre, Petronila Alcayaga Rojas, fue bordadora y costurera. Se casaron en el pueblo de Pisco Elqui (entonces denominado La Unión), en 1887. Para esa época él rondaba los 30 años, ella ya alcanzaba los 42 y tenía una hija de una relación anterior llamada Ana Emeliana Molina Alcayaga.

A inicios de 1892, Petronila, la pequeña Lucila y Emeliana, se establecieron en la aldea de Montegrande, en donde Emeliana –con sólo 18 años– había sido destinada como maestra a cargo de la Escuela de Niñas. Emeliana fue quien enseñó a la niña Lucila las primeras letras y la educó con devoción.

También fue en 1892 que Jerónimo Godoy abandonó a su familia. Pasaría largo tiempo circulando por Chile hasta regresar a su natal valle del Huasco, para fallecer finalmente en Copiapó, el 29 de agosto. Así, desde los tres años, Lucila vivió huérfana de padre. La orfandad es un dolor posible de sobrellevar, aunque tal vez fue el motivo de la timidez que la acompañó durante la infancia. Empero, la muerte del hijo fue un golpe brutal en la vida de Gabriela Mistral, que estuvo una semana en estado de shock. Gabriela Mistral registra en su obra Cuaderno de Petrópolis (1941-1945):

 

Nadie podrá entender mi espanto de hallarme a mi Yin Yin agonizando de arsénico. Nada, nada me había preparado para este golpazo. Y nada hubiera podido prepararme.

 

Asimismo, en los versos del poema “Luto” se puede observar la profunda tristeza que emana del alma de la poeta:

 

Igual que las humaredas

ya no soy llama ni brasas.

Soy esta espiral y esta liana

y este ruedo de humo denso.

Todavía los que llegan

me dicen mi nombre, me ven la cara;

pero yo que me ahogo me veo

árbol devorado y humoso,

cerrazón de noche, carbón consumado,

enebro denso, ciprés engañoso,

cierto a los ojos, huido en la-mano.

En una pura noche se hizo mi luto

en el dédalo de mi cuerpo

y me cubrió este resuello

noche y humo que ilaman luto

que me envuelve y que me ciega

 

Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga empezó a trabajar como profesora a los quince años en la Escuela de La Compañía, aldea vecina a Vicuña. Durante este período dio clases en la escuela de La Cantera. Con temprana vocación por el magisterio, llegó a ser directora de varios liceos fiscales.

Durante el año de 1904, Gabriela Mistral colaboró en el periódico Coquimbo, de La Serena, utilizando los seudónimos de Alguien, Soledad y Alma. En 1907, Gabriela Mistral escribió para los periódicos La Voz de Elqui y La Reforma. Un año después figuró en la antología Literatura Coquimbana, de L. Carlos Soto Ayala, en la que publicó tres prosas poéticas de su autoría: “Ensoñación”, “Junto al mar” y “Carta íntima”.

En 1914 recibió un premio en unos Juegos Florales por su obra “Sonetos de la muerte”, inspirados en el suicidio del joven Romelio Ureta, su primer enamorado. A este concurso se presentó con el seudónimo de Gabriela Mistral, que la acompañaría toda su vida y que fue concebido por la escritora como homenaje a dos poetas a los que admiraba, Gabrielle D’Annunzio y Frédéric Mistral.

A partir de 1933, y durante un periodo de veinte años, Gabriela Mistral trabajó como cónsul de su país en ciudades como Madrid, Lisboa y Los Ángeles, entre otras.

En 1945 fue la primera escritora latinoamericana que consiguió el Premio Nobel de Literatura. En 1951, le otorgaron el Premio Nacional de Literatura de su país, Chile.

Pero fue la muerte de su hijo Yin Yin la causa del dolor sin límites del cual nunca pudo recuperarse. En una carta a Eduardo Frei Montalva le dice: “Ay, amigo mío, de este destrozo íntimo yo no podré rehacerme: él era el aroma y, sin metáfora, la llama dulce de mi vida”.

Son en los versos del poema “Luto” donde Gabriela Mistral muestra al mundo su herida abierta:

 

Mi Último árbol no está en la tierra

no es de semilla ni de leño,

no se plantó, no tiene riegos.

soy yo misma mi ciprés

mi sombreadura y mi ruedo,

mi sudario sin costuras,

y mi sueño que camina

árbol de humo y con ojos abiertos.

En lo que dura una noche

cayó mi sol, se fue mi día,

y mi carne se hizo humareda

que corta un niño con la mano.

El color se escapó de mis ropas,

el blanco, el azul, se huyeron

y me encontré en la mañana

vuelta un pino de pavesas.

Ven andar un pino de humo,

me oyen hablar detrás de mi humo

y se cansarán de amarme,

de comer y de vivir,

bajo de triángulo oscuro

falaz y crucificado

que no cría más resina

y raíces, no tiene ni brotes.

Un solo color en las estaciones,

Un solo costado de humo

y nunca un racimo de piñas

para hacer el fuego, la cena y la dicha.

 

Gabriela Mistral falleció a los 67 años, el 10 de enero de 1957, en el Hospital General de Hempstead, en Nueva York, tras una larga lucha contra un cáncer de páncreas. En todo momento fue asistida por su joven compañera Doris Dana.

Sus restos recibieron el homenaje del pueblo chileno, declarándose tres días de duelo oficial. Los restos de Gabriela Mistral llegaron a Chile el 19 de enero de 1957 y se velaron en la Universidad de Chile, donde 400 niñas del Liceo Nº 6, del que Gabriela fue su primera directora, hicieron guardia de honor. Recibió sepultura en Montegrande, Chile.

Desde julio de 1981 su imagen aparece en el billete de 5000 pesos chilenos. En 2009 se puso en circulación un nuevo billete de 5000 pesos, con otra imagen de Gabriela Mistral.

El dolor infinito nació cuando la poeta y su hijo residían en Petrópolis, Brasil. Yin Yin se enamoró de una joven alemana con la que deseó contraer matrimonio. Gabriela Mistral se opuso a la boda y el joven se suicidó ingiriendo arsénico el 14 de agosto de 1943.

Tras enterrarlo en el cementerio de Petrópolis, Gabriela se sumergió en un profundo aislamiento solo interrumpido por sus misivas a amigos cercanos, como en una a su amiga Henriqueta Lisboa, a quien confiesa que “esta muerte ha roto el eje de la rueda”.

 

Márcia Batista Ramos

Nació en Brasil, en el Estado de Rio Grande do Sul, en mayo de 1964. Es licenciada en Filosofía por la Universidade Federal de Santa María (UFSM)- RS, Brasil. Radica en Bolivia, en la ciudad de Oruro. Es gestora cultural, escritora y crítica literaria. Editora en Conexión Norte Sur Magazzín Internacional, España. Columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y columnista del Periódico Binacional Exilio, Puebla, México, Mandeinleon Magazine, España, Archivo.e-consulta.com, México, Revista Barbante, Brasil, El Mono Gramático, Uruguay. Además, es colaboradora ocasional en revistas culturales en catorce países (Rumania, Bolivia, México, Colombia, Honduras, Argentina, El Salvador, España, Chile, Brasil, Perú, Costa Rica, USA, China, Nepal, Uzbekistán, Paquistán, Arabia Saudita). Publicó: Mi Ángel y Yo (Cuento, 2009); La Muñeca Dolly (Novela, 2010); Consideraciones sobre la vida y los cuernos (Ensayo, 2010); Patty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista del Siglo XX (Esbozo Biográfico, 2011); Tengo Prisa Por Vivir (Novela Juvenil, 2011 y 2020); Escala de Grises – Primer Movimiento (Crónicas, 2015); Dueto (Drama, 2020); Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad –Violencia Contra la Mujer. (Ensayo, 2020); Universo Instantáneo (Microficción, 2020).

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