Ensayo

Mónica Ojeda: una mirada al gótico andino

Mónica Ojeda: una mirada al gótico andino

Noviembre 19, 2021 / Por Fernando Percino

El gótico sureño ha tenido exponentes notables en Estados Unidos, donde tiene su origen, con autores clásicos como William Faulkner y Carson McCullers, y otros contemporáneos como Charlaine Harris o Donald Ray Pollock. Es un súbgenero que abreva del gótico tradicional, fundado por Horace Walpole, con la novela El castillo de Otranto (1764), respecto a narrar historias de terror con fantasmas y sitios embrujados. Para el caso del gótico sureño, además de esas características, suele situarse en atmósferas contemporáneas de los estados sureños de la Unión Americana, lugares con pantanos, selva y personajes rurales con características muy rústicas.

Mónica Ojeda es una escritora cuya narrativa ha sido clasificada por algunos críticos literarios como “gótico andino”, que se sitúa en las atmósferas de los andes de su natal Ecuador. Se diferencia del subgénero norteamericano, quizás, al mostrar escenarios más coloridos y tener un diálogo más vital con la naturaleza que describe. Su más reciente libro de cuentos, Las voladoras (2020), expresa los elementos básicos del gótico sureño: el miedo, fantasmas y humanos que se transforman en animales o monstruos, todo ello contextualizado en la urbe de Quito y sus zonas naturales aledañas.

Un tema recurrente en el libro de Ojeda es la exposición de historias en las que algunos de los protagonistas son gente de los pueblos originarios de Ecuador. Es notoria la intención de darle visualización a estos grupos que durante muchos años han sido relegados de participar en la literatura ecuatoriana. Es importante que se abra esta diversidad, tal como Judith Butler lo comenta:

 

Si el reconocimiento caracteriza un acto, una práctica o, incluso, un escenario entre sujetos, entonces la ´reconocibilidad´ caracterizará las condiciones más generales que preparan o modelan a un sujeto para el reconocimiento; los términos, las convenciones y las normas generales ´actúan´ a su propia manera, haciendo que un ser humano se convierta en un sujeto reconocible. (19)

 

El reconocimiento de estos grupos étnicos a través de una representación literaria abre ese espacio de identidad frente a los otros y también frente a sí mismos. Mónica Ojeda ha comentado su entusiasmo por estas prácticas en algunas entrevistas.

Otra temática recurrente en Las voladoras es el protagonismo de los personajes femeninos que asumen roles de femme fatal, sirenas, gorgonas y brujas. Aquí se enlaza el título con aquellas brujas que pueden volar; ser rebeldes, desafiar con su carácter y voluntad las opresiones del patriarcado al que han sido sometidas históricamente.

En las narraciones de Ojeda persiste la idea del miedo al que son sometidos los personajes, algunos por la enfermedad, la vejez, su apariencia física. De esto último destaco el cuento “Soroche”, en el que una de las mujeres fue expuesta por su esposo en un video donde aparece desnuda y teniendo relaciones sexuales. La vergüenza que ella siente y que sus amigas reproducen a través de sus testimonios radica en que se siente una mujer fea, gorda, con multitud de defectos físicos que se esmera en enumerar y detallar con una voz adolorida por la exhibición. Ella está consiente que perdió su juventud, la belleza; eso le hace pensar que jamás volverá a ser amada y despertar pasiones ajenas. Lo que Jean Baudrillard denomina “´el carácter pornográfico de la mostración´, es decir, la capacidad de mostrar un objeto sin ocultamientos, restregando toda la realidad ante nuestros ojos, sin reparos, y para ello el medio fotográfico” (Citado en Fontcuberta, 32), en este caso un medio audiovisual que exhibe una realidad que preferiría ser negada por la mujer del cuento.

En conclusión, la narrativa de Ojeda es una voz poética que describe con esmero las atmósferas y las emociones de sus personajes. Su prosa asemeja un conjuro de seres que están más allá de lo terrenal, algunos de ellos cometen feminicidos, estupro, abortos. La muerte aparece en los pueblos de Ojeda como un elemento que no sorprende, no espanta, algunas veces incluso seduce, parece un personaje más habitando con solvencia los espacios de las historias. Es de celebrarse también que las imágenes de Ojeda se nieguen a ser asidas a una sola interpretación. La oscuridad, un ensueño macabro y la violencia configuran una estética de autora que tienen algunas escritoras que trabajan con temas similares en la literatura latinoamericana contemporánea, como lo son: María Fernanda Ampuero, Liliana Blum, Mariana Enríquez entre otras. El horror es un subgénero necesario, por su espíritu crítico y trasgresor, por representar atrocidades de las que solemos rehuir en la realidad.

 

 

Referencias

 

Buttler, Judith. Marcos de guerra: Las vidas no lloradas. México: Ediciones Paidós, 2011.

Fontcuberta, Joan. El beso de Judas. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 1997.

Ojeda, Mónica. Las voladoras. Madrid: Páginas de espuma, 2020.

 

Fernando Percino

Es mexicano y nació en algún momento de los años ochenta; además es licenciado en Administración Pública por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Publicó cuentos en el suplemento cultural *Catedral* del diario *Síntesis*, la novela *Velvet Cabaret* (2015), el libro de cuentos *Lucina* (2016), el libro de crónicas *Diarios de Teca* (2016) y la novela breve *Volk* (2018). Fue miembro del consejo editorial de las revistas: *Chido BUAP* y *Vanguardia: Todas las expresiones*. Fue funcionario público. Actualmente es chofer de UBER y estandupero ocasional.

Fernando Percino
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