Experiencia lectora

Un eslabón entre la historia y el destino de los pueblos

Un eslabón entre la historia y el destino de los pueblos

Septiembre 07, 2021 / Por Hugo Ernesto Hernández Carrasco

La novela Seda se desenvuelve en el siglo XIX, sin que por ello sea propiamente una novela histórica de corte clásica, donde el autor se ve obligado a describir y explicar al lector la vida cotidiana con amplios detalles. Por el contrario, y aquí reside una virtud diferencial, el autor (Alessandro Baricco) deja la responsabilidad del contexto en manos del lector; a lo mucho esboza unas breves líneas que dan cuenta de ciertos hechos y personajes. Por tanto, la centralidad de la tensión se desenvuelve en otra parte.

Con Hervé Jancour como personaje principal, la historia en general nos va dibujando a lo largo de sus páginas sombras proyectadas de todos los personajes. No hay gran caracterización ni adentramiento psicológico, pero su abordaje —y he aquí otra virtud— nos permite saber lo suficiente de sus siluetas. Hélene, Baldabiou, Hará Kei, aunque no descritos del todo, se vuelven personajes entrañables. Podríamos afirmar que precisamente en las pequeñas sutilezas del texto reside parte de su magistralidad.

Ahora bien, pasemos a hablar de la historia. Cuando uno lee Seda se manifiesta enseguida, y durante todo el trayecto lector, una de las fuerzas motoras más importantes de la humanidad, una fuerza subestimada por historiadores y estudiosos, relegada a mera técnica en épocas recientes pero no por ello menos importante: el comercio. Durante la novela se develan sus virtudes, claroscuros y viscisitudes. Aunque menos glamoroso que la política pero más digno, el comercio como actividad se extiende a lo largo de Seda como el eslabón entre la historia y el destino de los pueblos enteros. Muestra dentro de su vigor, su propia fragilidad. Al final, hacer comercio más allá de nuestras fronteras consiste en dar saltos de fe a través de actos definitorios y decisiones que, a la larga, comprometen la vida de quienes se involucran, configuran las costumbres, formas, expectativas, ciclos y esperanza de poblaciones enteras. Aquí es preciso recordar que entre las primeras exploraciones, las misiones comerciales siempre iban a la cabeza, y que la diversidad material y en parte la imaginación derivada de esta, no hubieran sido posible sin el intercambio de mercancías, sin el contacto entre los distintos universos humanos, que en el caso específico de la novela, tiene como geografía vertebral a la fascinante y milenaria Ruta de la Seda.

En este sentido, la escritura de Baricco genera, a través de una trepidante narración de lugares, el efecto de la lejanía en apenas una página, a la par de encontrar el delicado equilibrio para plasmar el devenir de la lenta pero segura transformación de los tiempos y las circunstancias que desvían por completo el curso de la vida común de las personas, acelerando con ello el resquebrajamiento del presente y la lejanía del pasado.

Durante la novela, vamos leyendo descripciones de cotidianidades lejanas, pasiones que se desbordan frente a las fauces de lo desconocido. Una de estas, sin duda, es la afición por los viajes (hoy tan promocionada y extendida), donde no solo se muestra que nos hacemos afectos a los caminos recorridos, sino también a una intensa búsqueda: una va orbitando hasta volver a encontrar algo que no siempre se manifiesta con la misma potencia en nuestros sitios de origen, algo que nos conmueve y que solo podemos nombrarle toda vez que lo encontramos tras varios kilómetros de recorrido. Frente a lo lúdico y hedonista que nos pueden saber los viajes hoy en día, Seda nos relata una clase de viaje que nos obliga a traspasar los límites de lo moral, lo conocido e incluso lo estético; la distancia es una espacio-tiempo donde el personaje confirma su condición y vulnerabilidad. El viaje no es aquí una experiencia domesticada sino una experiencia que trastoca el Ser a lo largo del trayecto. En términos simples, Hervé Joncour nunca deja de viajar, se encuentre donde se encuentre, por más pausas que tome.

Finalmente, queda en Seda —como ocurre también con Amok de Stefan Zweig, por decir un ejemplo— un círculo eurocentrado entre sujetos protagonistas en el medio de una lejanía “exótica”. “Lo extranjero” se sigue moviendo bajo la óptica dialéctica de lo funcional y lo extraño. Los gusanos de seda y el oro como elementos familiarizantes entre los personajes que se desconocen entre sí; los gusanos de seda y el oro como recursos de intercambio que vuelven “funcional” la relación entre personas que están sometidas a contextos distintos, y el inaprensible lenguaje del “otro”, sus costumbres y formas de vida, como lo “extraño”. Claro está que al final de la novela (y esto no es spoiler), la “lengua otra” se vindica como posibilidad de mensaje, como secreto amoroso, como vehículo de la sensibilidad y emociones humanas. Lejos queda de ser, una barrera y lejanía definitoria.

 

Hugo Ernesto Hernández Carrasco

Hugo Ernesto Hernández Carrasco
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