Káos

aRTE Y PSICOaNÁLISIS: Heterotopología de la sexualidad

aRTE Y PSICOaNÁLISIS: Heterotopología de la sexualidad

Octubre 26, 2021 / Por Antonio Bello Quiroz

Los poetas son aquellos que siguen la traza de la

huida de los dioses. Por ello dicen lo sagrado.

Lo sagrado es el rastro que lleva a la divinidad en

medio de la oscuridad de la noche.

 

Helí Morales

 

En el marco de la 6a. Feria Internacional del Libro de la Escuela de la Letra Psicoanalítica, efectuada en la hermosa ciudad de Xalapa, el pasado 23 y 24 de octubre, se presentó aRTE y PSICOaNÁLISIS: Heterotopologías de la sexualidad,[1] el más reciente libro del psicoanalista Helí Morales. Lo primero que quiero destacar de dicha obra es la tipografía de la portada, porque justamente nos conduce al núcleo del libro: el objeto a, tanto en el arte como en el psicoanálisis. Al señalar lo que vela nos anuncia que se trabajará sobre aquello que hace de eje en la lectura que Lacan propone de la invención de Freud y, también, le da singularidad a la propuesta clínica en psicoanálisis.

La imagen de la tapa y el subtema del título, Sexualidad y psicoanálisis, anuncian que se hablará, sí, de la sexualidad, pero desde ese costado velado, oculto, clandestino. Se trata de El origen del mundo, de Gustave Courbet, cuadro que perteneció a Lacan y a su esposa Sylvia en 1955.

El libro inicia como un sueño (en este caso, de manera literal, desde un sueño), y un sueño en tanto que es, por definición, una atopia. Se trata de un sueño de Michel Foucault, sueño luminoso en una noche oscura: el sueño de una ciencia inédita que aborde el espacio heterogéneo, que es el territorio que habitamos, los espacios diferentes, atópicos. Un sueño heterotopológico.

Helí se compromete aquí a un trabajo imposible, aunque no por ello menos necesario: desarrollar no las heterotopías de Foucault, sino las heterotopologías en el cruce entre el psicoanálisis y el arte, a partir de ese eje que reconoce Lacan como su única invención: el objeto a, ese objeto que no es, y que hace del cuerpo el campo de resonancia entre la sexualidad y la muerte.

Ya precisé antes: Helí toma como punto de partida un sueño, y con ello nos remite a nuestro origen heterotópico, sin más. Nos recuerda que nos constituimos donde no estamos, lo cual evoca ese aforismo de Nietzsche: “el hombre es un animal sin lugar”. Éste es el punto de partida: la realidad es, per se, heterotópica. Hay varios escenarios cuyo interior está en conflicto y convoca al afuera, pero no a cualquier cosa, se convoca a que la sexualidad ocurra, ocurra fuera del ámbito familiar, las cárceles, los asilos, los psiquiátricos, los burdeles, los cementerios.

Helí destaca la heterotopía luminosa e intensa, por excelencia, que es el navío: “pedazo de ilusión pintada que, de puerto en puerto, de orilla en orilla, viaja trasportando las mercancías más valiosas, los personajes más lastimados…”. Y cita a Foucault: “…el barco ha sido para nuestra civilización, desde el siglo XVI hasta hoy, a la vez, no solo, por supuesto, el mayor instrumento de desarrollo económico, sino también la mayor reserva de imaginación. La nave es la heterotopía por excelencia…”. Heterotopías donde habita lo que no tiene lugar, o en todo caso lo habita como nómada, siempre de paso.

Como es propio de su estilo, Helí nos adelanta su propuesta: “ir más allá de Foucault, a condición de apoyarnos en sus aportes”. Bajo esa guía, busca vincular no sólo espacios sino campos, campos del saber. No sólo a partir de los espacios de la ciudad sino de la sexualidad, ahí donde se relacionan la vida y la muerte. Y señala: “en el interior de la sexualidad, pero al mismo tiempo en el exterior, se encontrarían el arte y el psicoanálisis”. A partir de estas coordenadas, nos deja un libro que son muchos libros, por lo menos tres en uno.

Se trata de un libro de psicoanálisis donde se despliega una arqueología epistémica y clínica del objeto a, desde los escritos de Freud hasta la topología de nudos y cadenas de Lacan. Pero también es un libro sobre arte contemporáneo, arte desterritorializado, subversivo, rebelde; arte que estremece y estremeció al mundo, y fue por ello ocultado, prohibido. Además de un libro de psicoanálisis en sus dimensiones teóricas y clínicas a partir del objeto a, es también un segundo libro sobre el arte vivo (aun cuando trabaje con cadáveres), un libro de arte en movimiento, performance.

También es un tercer libro que —precisa Helí— en realidad es el único, un libro sobre la relación entre el arte y el psicoanálisis como campos discursivos. No es una mera relación de grados, no, se trata —y aquí radica la novedad— de una relación heterotopológica a partir de la deconstrucción del objeto, su subversión. Señala Helí: “El arte y el psicoanálisis serían dos potencias desterritorializantes que abrirían la posibilidad de pensar una nueva subjetividad. Subjetividad que es una otra manera de sexualidad y muerte anudadas”.

Nos regala también una cuarta parte donde aborda el arte del psicoanalista. No nos dice que el psicoanálisis sea un arte, sino que el analista hace arte. Arte que se sostiene en el manejo de la transferencia y en la ética que le sostiene. Aquí, por cuestiones de espacio, sólo bosquejaré la riqueza del texto en su primera parte.

El abordaje que Helí hace del arte me parece inédito y fascinante, nos coloca en la reflexión del arte en las antípodas de la modernidad, ese que se juega en una sociedad del espectáculo, convocada a la exhibición, donde la vida íntima ha devenido éxtima, donde lo importante es aparecer. Pero hay quienes quedan fuera, aquellos, aquellas, que no tienen Internet ni luz, que —se considera— “están en la oscuridad”: “los jodidos”, ese nuevo exceso que el capitalismo ha producido. Ante esta jactanciosa exhibición, el arte deviene lo que siempre debió ser: movimiento de resistencia y denuncia, lugar otro para la diferencia; arte que coloca a la desnudez como experiencia extrema, esa que sólo aparece en la soledad radical o en el arrebato místico. “La desnudez que —precisa Helí—, a diferencia de la exhibición, empuja al éxtasis, la vergüenza o el sacrificio. Nunca es cómoda. No es sin dolor. Sin dolor de ser. Del ser. Del ser en falta”.

Al devenir desnudez, desnudez no de las prendas sino del corazón, los artistas modernos, algunos, se abren al otro, dan testimonio de la oscuridad del corazón; así ocurre con la escritura que abre a lo otro, a la soledad que desnuda. Helí lo ilustra con pasajes de Poe, Baudelaire y Marguerite Duras, quien escribe desde esa soledad desnuda: “Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que solo la escritura te salvará”. Helí reconoce la enorme, quizá imposible, apuesta del arte moderno: astillar el centro, hacer del centro un punto vetusto, irreversible e inservible; apuesta quizás, al menos en el campo de lo posible, a la multiplicidad de centros. Esa búsqueda nos llevaría, desde la escritura o la plástica, a la confrontación con lo innombrable, y escribe Helí: “Tal vez solo se pueda enfrentar lo innombrable con el arte o el psicoanálisis”.

El libro Arte y psicoanálisis, de Helí Morales, es un abanico y a la vez un caleidoscopio de lo indecible, borda en lo que escapa, teje desde diversos campos discursivos acercamientos a lo que escapa, lo desangrado y lo sagrado; nos confronta desde su escritura con un mundo que se vuelve inmundo: un planeta que se está muriendo en medio de la contaminación, el hambre persistente, la pobreza, el racismo, la falocracia, la violencia contra las mujeres, los ataques a la comunidad trans y un largo etcétera. Esta condición moribunda del mundo, que Helí no muestra con estridencias sino con un realismo que nos desnuda, me recuerda aquel verso con el que George Steiner inicia Gramáticas de la creación: “No nos quedan más comienzos”.

Helí, retomando una lectura de la realidad de Guattari a partir de tres ecologías: una del medio ambiente, otra de las relaciones sociales y una más de la subjetividad, nos propone pensar una posible imbricación de estas tres dimensiones a partir del arte. El arte como cuarto lazo vinculador. De esta manera se derrumbaría el mito de una sola subjetividad, que sostiene el capitalismo, para abrir espacio a las respuestas singulares, la de los y las colectivas, abrir cauces a micropolíticas del deseo. La apuesta es a la legitimación de lo fragmentario, lo singular y lo diferente. En el mismo sentido, advierte Helí: “el psicoanálisis puede resignificar y construir una cierta ecología del fantasma como soporte de producción de singularidades”.

Helí encaja el dedo en la llaga, nos adentra en un tiempo donde los dioses nos han abandonado, ya no siguen reuniendo bajo su luz a los hombres y mujeres. Vivimos tiempos donde se ha apagado su luminosa divinidad; pero, aun en tiempos aciagos —escribe Helí—, nos quedan los poetas: “Los poetas son aquellos que siguen la traza de la huida de los dioses. Por ello dicen lo sagrado. Lo sagrado es el rastro que lleva a la divinidad en medio de la oscuridad de la noche”. La amenaza de nuestro tiempo es la propuesta insensata de que la producción uniforme, homogénea, comandada por el mercado, nos dará la plenitud; ésa es la esencia de la técnica que domina el mundo: borrar los trazos de lo sagrado. Pero Helí levanta la voz para decirnos que, aun en medio de tanta oscuridad —cierto, en las orillas, en lo marginal, como no podría ser de otra manera—, nos quedan los poetas. Dice nuestro autor: “Allí, en esa larga noche del mundo debe existir quien se arriesgue más allá del peligro que denota este mundo de producción uniforme. Los más arriesgados deberán sobrepasar el imperio de lo útil en lo que se han convertido las cosas, trastocadas por el mercado”. Éste es un libro que sin duda vale la pena leer por lo revolucionario de su mirada sobre el arte y el psicoanálisis: arte vivo, arte en movimiento.

 

[1] Morales Helí. aRTE y PSICOaNÁLISIS. Heterotopología y sexualidad. Ed. Samsara, México, 2021.

Antonio Bello Quiroz

Psicoanalista. Miembro fundador de la Escuela de la Letra Psicoanalítica. Miembro fundador de la Fundación Social del Psicoanálisis. Ha sido Director fundador de la Maestría en Psicoanálisis y Cultura de la Escuela Libre de Psicología. Ha sido Director de la Revista *Erinias*. Es autor de los libros *Ficciones sobre la muerte*; *Pasionario: ensayos sobre el crimen* y *Resonancias del deseo*. Es docente invitado de diversas universidades del país y atiende clínica en práctica privada en Puebla.

Antonio Bello Quiroz
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