Káos

El amor: eso que no cesa de no inscribirse

El amor: eso que no cesa de no inscribirse

Septiembre 28, 2021 / Por Antonio Bello Quiroz

Portada: Marc Chagall, “El cumpleaños”, 1915

 

Para Elianne

 

…no hay disfraz que pueda largo tiempo ocultar el amor donde lo hay,

ni fingirlo donde no lo hay

La Rochefoucauld

 

El amor, como el fuego, no puede subsistir sin un movimiento continuo y muere en cuanto deja de esperar o de temer

La Rochefoucaul

 

Francisco V de La Rochefoucauld, príncipe de Marcillac, escritor y aristócrata, militar y poeta, filósofo y amante, se preguntaba si acaso ¿podríamos decir algo del amor si nunca hubiésemos escuchado hablar sobre el amor? En el siglo XVIII, nos dice el poeta Arthur Rimbaud, hacer el amor era hablar de amor. Ya antes, Dante inventa una lengua para hablar de su amor. Pareciera ser que el amor es una cuestión de palabras, es un hecho del lenguaje, por tanto, es fuente de mal entendidos. Ese afecto llamado amor es una pregunta abierta, no cesa de inscribirse, la pregunta se actualiza en cada encuentro…: ¿Qué es eso que se llama amor? “Un nuevo amor es una ocasión para hablar del amor” dice el psicoanalista Michel Silvestre.

¿Qué es eso que se llama amor y que no cesa de no escribirse? Pocas preguntas nos pueden abrir tanto a un mundo de significaciones como las referentes al amor. ¿Es natural o es un artificio, es una enfermedad o una locura, o es signo de normalidad?

Resulta casi imposible establecer una definición o respuesta efectiva en tanto que, por paradójico que parezca, el amor se establece sobre la base del desencuentro, aunque sus protagonistas crean que es un encuentro.

Al respecto, sobre el amor hay una formulación muy conocida y repetida que el psicoanalista francés Jacques Lacan propone en el seminario 5 Las formaciones del inconsciente: “El amor es dar lo que no se tiene a quien no es”. Es una frase que apunta de manera directa a eso enigmático que deja su huella de imposibilidad. Amar es mostrar la falta, revelar que algo falta y se quiere alcanzar en el otro, en el partenaire.

El encuentro amoroso nos conmueve y conmociona, nos transforma. Ocurre porque imaginamos o creemos detectar en la otra persona aquello que a nosotros nos falta, por eso nos precipitamos a tomarlo. Como al otro suele ocurrirle lo mismo, nos encontramos con que también se nos acerca buscando lo que cree que tenemos, ofreciéndonos lo que a él o a ella le falta.

El amor es lo que engaña (y no podría amar quien no se deja engañar) y se sostiene de una ilusión donde se sostiene la idea de que dos pueden hacer Uno. El encuentro, que en todo caso se trata de un reencuentro, según plantea Freud, produce una ilusión, una necesaria ilusión. Un engaño que nada tiene que ver con lo que se digan entre ambos, va más allá: es un engaño estructural, necesario.

En el encuentro con el partenaire es ese momento de impacto donde las pasiones se desbordan ante la imagen del otro a quien suponemos ser portador de algo que ahora nos hace falta. La imagen recargada del otro desata las pasiones amorosas. Pero para sostenerse, el amor tendrá que ir más allá de la imagen, se requiere lo simbólico, ya no sólo es la atracción de los cuerpos sino también las historias, el amor se sostiene en los puentes, en los pactos que se construyen con palabras, son las que detienen las pasiones.

Sabemos que las pasiones del ser para Lacan son tres: amor, odio e ignorancia. El amor es definido por el psicoanalista francés como imposibilidad, según la fórmula que ya señalaba: “dar lo que no se tiene a quien no es”. Los amantes pueden prometerse hacerse Uno, sin embargo, lo que se pone de manifiesto en cada vínculo amoroso es la imposibilidad, se impone la presencia de una no-comunidad de goces. Al respecto de la vivencia de esta imposibilidad entre los sexos, Lacan dice que mientras la mujer teje, hace trenzas, el hombre hace círculos, es decir, se muerde la cola y no sabe nada del goce femenino. Lo puede suponer, sospechar, pero no lo alcanza.

De esta manera podemos ver dos posiciones en la constitución y manifestación del vínculo amoroso, dos medios decires que, por un lado, presentan y viven el amor que se presenta como eterno, y en cierta manera lo es, en el sentido que Lacan señala con respecto al famoso aforismo sobre que no hay relación-proporción sexual: el amor es lo que no cesa de no inscribirse. Así lo muestra en su Seminario 20, Aún: “… definí la relación sexual como aquello que no cesa de no escribirse. Hay allí imposibilidad. Es, asimismo, que nada puede decirlo: no hay, en el decir, existencia de la relación sexual”.

Si afinamos la expresión podemos decir que se trata, por un lado, de la imposibilidad de escribir la relación entre hombre y mujer. De allí no hay sino un paso al “no hay relación sexual”, afirmación estructural que nada tiene que ver con los periodos de abstinencia del acto sexual, sino más bien con la imposibilidad de la complementariedad entre sujeto y objeto. Pero la imposibilidad tiene otro rostro, se trata de lo que no puede cesar de inscribirse, si no cesa es, justamente, porque su tarea es imposible. Es ésta una enseñanza fundamental que ya Freud había dejado esbozada desde 1905 con sus Tres ensayos para una teoría sexual. Lo que podemos extraer como la gran enseñanza de este texto es justamente la posibilidad de relación sin falla entre el sujeto y el objeto.

Pero hay otras dos modalidades lógicas que se articulan con “lo imposible”, y, por tanto, participan en la convocatoria a no cesar de inscribirle, tal como sigue diciendo Lacan en el mismo Seminario 20, Aún: “La contingencia la encarné en el cesa de no escribirse. Pues no hay allí más que encuentro, encuentro en la pareja, de los síntomas, de los afectos, de todo cuanto en cada quien marca la huella de su exilio, no como sujeto sino como hablante, de su exilio de la relación sexual.”

Se trata para el sujeto de un encuentro con el carácter de una contingencia, donde aparece una vez más la ilusión de encuentro y que, por tanto, devendrá desencuentro, lo que le coloca en el exilio de la relación sexual sólo para formular un nuevo encuentro marcado por la ilusión, ¿pero de qué?: “… ilusión de que algo no sólo se articula sino que se inscribe, se inscribe en el destino de cada uno, por lo cual, durante un tiempo, tiempo de suspensión, lo que sería la relación sexual encuentra en el ser que habla su huella y su vía de espejismo”.

En el encuentro amoroso se presenta un efecto de suspensión de la imposibilidad. El amor suple momentáneamente la ausencia de relación sexual, encuentro dichoso donde momentáneamente se supera lo que no cesa de no escribirse, donde hay posibilidad de realizar la proporción sexual, de inscribirla, de acceder a lo imposible, aunque sea sólo al nivel de la ilusión. En el encuentro amoroso, “el objeto es elevado a la dignidad de la Cosa”, según enseña Lacan.

El amor se revela como la vía por la que el deseo puede acceder al goce. La suspensión se efectúa en tanto que se ha logrado un significante que detiene el deslizamiento de significado, un trazo, una imagen, un nombre, que ocupa el vacío que de otra manera se muestra como insoportable.

Pero si bien este encuentro, en la dimensión del registro imaginario, suspende momentáneamente el vacío y el dolor del ser, no resulta suficiente. Es por tanto necesario avanzar hacia la dimensión simbólica que supone la instalación del amor en el sujeto. Lacan lo sanciona así: “El desplazamiento de la negación, del cesa de no escribirse al no cesa de escribirse, de contingencia a necesidad, éste es el punto de suspensión del que se ata todo amor […] Todo amor, por no subsistir sino con el cesa de no escribirse, tiende a desplazar la negación al no cesa de escribirse, no cesa, no cesará.”

 

Antonio Bello Quiroz

Psicoanalista. Miembro fundador de la Escuela de la Letra Psicoanalítica. Miembro fundador de la Fundación Social del Psicoanálisis. Ha sido Director fundador de la Maestría en Psicoanálisis y Cultura de la Escuela Libre de Psicología. Ha sido Director de la Revista *Erinias*. Es autor de los libros *Ficciones sobre la muerte*; *Pasionario: ensayos sobre el crimen* y *Resonancias del deseo*. Es docente invitado de diversas universidades del país y atiende clínica en práctica privada en Puebla.

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