Káos

Georges Bataille-Jacques Lacan: entuertos familiares

Georges Bataille-Jacques Lacan: entuertos familiares

Junio 01, 2021 / Por Antonio Bello Quiroz

“Si vivimos soberanamente, la representación de la muerte es imposible, pues

el presente ya no está sometido a la exigencia del futuro. Por eso de una manera

fundamental, vivir soberanamente es escapar si no de la muerte, al menos de la

angustia de la muerte. No es que morir sea odioso ―pero vivir servilmente es

odioso―”

George Bataille

 

No es exageración ni vanidad de psicoanalista decir que un punto de inflexión en la obra del extraordinario escritor francés que fue Georges Bataille ocurrió a partir de sus encuentros y desencuentros con el psicoanálisis.

La relación del escritor con la disciplina inventada por Sigmund Freud se puede pensar por lo menos en tres vertientes: una primera se ubica en el plano de las relaciones familiares, con todas sus intrigas y entretelones; una segunda, en el plano intelectual, con el surrealismo y el París de los años veinte, y hasta la mitad del siglo XX, como telón de fondo; y una tercera vertiente, sentada en las consecuencias de que Bataille haya pasado por el diván.

La vida de Georges Bataille y el psicoanálisis se entrecruzan familiarmente por la vía de los lazos matrimoniales. Sylvia Bataille, la segunda esposa del psicoanalista francés Jacques Lacan, fue primero esposa de Georges Bataille. Es relevante señalar que ella nunca renunció a su apellido de casada, de tal suerte que la hija que tuvo con el psicoanalista, Judith, llevó el mismo apellido Bataille. La relación familiar quedó así, entre el filósofo escritor y el psicoanalista,[1] sellada por una mujer, Sylvia. Y por una interminable convivencia de este trío con Laurence, hija de Bataille y Sylvia (quien vivía con su mamá y Lacan), y Judith, hija de Sylvia y Jacques Lacan.

De entre los muchos entrecruces vivenciales destaca el que tiene que ver con la adquisición, por parte de Lacan, del cuadro El origen del mundo, de Gustave Coubert. Elisabeth Roudinesco, historiadora del psicoanálisis, autora de Lacan, Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento, narra que el psicoanalista realizó la adquisición de esta obra en 1955. Sylvia Bataille,[2] pudorosa, de inmediato encargó a su cuñado, André Masson, que confeccionara una tapa de madera para cubrir el cuadro y que los vecinos y la servidumbre no vieran la pintura que “hacía alusión a una prostituta momentos después de alcanzar un orgasmo”. Sylvia intenta así ocultar a Bataille (el erotismo) en la casa que comparte con Lacan.

Los puntos de contacto entre Lacan y Bataille son muchos, en lo familiar y lo intelectual; sin embargo, se conoce poco lo que entre ambos pudieron haberse dicho. No se sabe de sus intercambios, sus deslices o seducciones, como si ambos se empeñaran en dejar en la oscuridad esta relación que, sin embargo, era tan frecuente, al grado de que ya casada Sylvia con Lacan y Bataille con Colette Peignot, llamada por el escritor Laure, los cuatro pasaban con regularidad los fines de semana en la casa de campo de Guitrancourt, propiedad de Lacan.

En la vertiente intelectual, la relación de Bataille y el psicoanálisis, en particular con Lacan, es mucho más visible, aunque no deja de ser esquiva: ambos participan en el seminario que imparte Kojève sobre Hegel. Los miembros de la comunidad secreta que funda Bataille, Acéphale. Lacan servía de anfitrión para las reuniones del comité de la revista, aun cuando no pertenecía a esa sociedad. Ambos se alentaron a publicar y se obsequian sendos reconocimientos: Lacan forma parte de los amigos a quienes Bataille agradece en su libro El erotismo. Lacan le reconoce a Bataille el impulso que le dio para publicar los Escritos. Incluso se sabe que en la revista Genèse, el último proyecto editorial de Bataille, figuraba Lacan. En 1933 Bataille hace un abierto elogio a Lacan al hablar de la recientemente aparecida revista Minotaure. Escribe al respecto: “El único artículo que aporta un elemento nuevo es el de Jacques Lacan, consagrado al problema de las relaciones de estilo y las formas psicológicas estudiadas en la psiquiatría”[3]. El contexto de la aparición de esta revista es también sumamente interesante, es en principio concebida por Bataille y André Masson (cuñado de Sylvia Bataille, como ya vimos); sin embargo, Masson realiza el proyecto y termina siendo la revista portal de los surrealistas.

Bataille, como sabemos, sostiene una postura filosófica inclasificable (él mismo se considera más pornógrafo que filósofo), produce un discurso propio que no lo sujeta a los diversos grupos y corrientes de pensamiento que conoce y frecuenta en el París efervescente de antes del medio siglo pasado. Participa en el tumultuoso ambiente surrealista pero nunca se alinea con Breton, de quien Bataille llega a decir que su obra es “una caca”. De hecho, nunca se va a alinear con discurso alguno. Con respecto a sus vínculos con la experiencia analítica, podemos señalar que se analizó, pero nunca se interesó por la práctica del análisis ni en sí por las patologías psíquicas (aunque asistía a la presentación de enfermos de Georges Dumas). Dirigió una colección de economía, Los usos de las riquezas, pero no incidió en la economía como un saber. Se trata de un nómada del pensamiento cuyo destino está marcado por la rigurosidad con la que se conduce intelectualmente, no hace concesiones y su costo es no tener más lugar que el suyo mismo. Siempre Acéphale, sin cabeza, como el título de su publicación.

En 1927 inicia un análisis con el Dr. Adrien Borel, un psicoanalista ordinario, sin grandes lumbreras, ligado al movimiento surrealista y con aspecto de canónigo, a decir de Roudinesco. Es un análisis que dura poco menos de un año, pero se trata de una experiencia que es altamente valorada por Bataille. Él mismo reconoce que es de esta experiencia clínica de donde obtiene los fundamentos de lo que después será punto nodal de sus reflexiones y que denomina experiencia interior.[4] En el libro que lleva este mismo nombre va a señalar que la “experiencia” es la única autoridad contra la ciencia, la religión o cualquier otro tipo de discursividad. También ese análisis le permite construir su modelo de pensamiento denominado cuadros heterológicos, es decir, el logos que se ocupa de lo que es completamente otro.

Es en el curso de su análisis que Bataille escribió su primera novela bajo el título de Historia del ojo, publicada en 1928. En los últimos días de su vida, Bataille declara lo valioso que le resultó la experiencia del análisis. Treinta años después, hablando de éste, según se puede leer en sus obras completas, escribe que “tuvo un resultado decisivo, puso fin en agosto de 1927 a la serie de desgracias y fracasos siniestros en los que me debatía, pero no a un estado de violencia intelectual que aún perdura”; y más tarde, también hablando de su análisis, en entrevista con Madeleine Chapsal declara: “eso me cambió del ser totalmente enfermo que era en alguien relativamente viable”. El análisis es para Bataille la experiencia liberadora que le permite escribir Historia del ojo: “sólo liberado de esa forma”, reconoce, pudo escribir. Una liberación que, sin embargo, no es del todo realizada ya que este texto es firmado con el seudónimo de Lord Auch y contiene ocho litografías de André Masson. En 1944, Bataille hace otra versión de esta obra, cuya primera frase figura como epígrafe de este texto, pero ahora con ilustraciones de Hans Bellmer.

 

 

 

[1] Para un conocimiento más profundo de esta rica relación se recomienda ver un extraordinario ensayo de José Assandri, Entre Bataille y Lacan. Ensayo sobre el ojo, golosina caníbal, editado por El cuenco de plata.

[2] Así la llama Elisabeth Roudinesco, dado que Sylvia, aunque ya casada con Lacan, nunca renunció al apellido Bataille.

[3] Cfr. Citado por José Assendri. Entre Bataille y Lacan. Ensayo sobre el ojo, golosina caníbal. El cuenco de plata, Buenos Aires, 2007. p. 12.

[4] La experiencia interior es para Georges Bataille la forma de acceder hasta el límite de lo que puede ser, implica la ruptura de los órdenes, valores, autoridades o sentidos que enmarcan lo posible.

Antonio Bello Quiroz

Psicoanalista. Miembro fundador de la Escuela de la Letra Psicoanalítica. Miembro fundador de la Fundación Social del Psicoanálisis. Ha sido Director fundador de la Maestría en Psicoanálisis y Cultura de la Escuela Libre de Psicología. Ha sido Director de la Revista *Erinias*. Es autor de los libros *Ficciones sobre la muerte*; *Pasionario: ensayos sobre el crimen* y *Resonancias del deseo*. Es docente invitado de diversas universidades del país y atiende clínica en práctica privada en Puebla.

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