Káos

Llorar la muerte, vivir la vida: el duelo de Roland Barthes

Llorar la muerte, vivir la vida: el duelo de Roland Barthes

Julio 20, 2021 / Por Antonio Bello Quiroz

Parte I

 

“Se acerca el día del aniversario de la muerte de mamá. Tengo miedo, cada

vez más como si ese día (25 de octubre) ella debiera morir por segunda vez.”

Roland Berthes

El universo de Roland Barthes es evidentemente femenino: sus recuerdos, que le forjan una historia que le aleja de los clichés y lo hace un excepcional habitante de la lengua, lo ligan con sus abuelas: una, llena de vida, hermosa, parisina; la otra, provinciana y dominadora de un pulcro francés; sus herencias. Pero si alguien de ese universo femenino fue determinante en la vida del excepcional semiólogo fue su madre, con quien vivió hasta la muerte de ella.

Entre los muchos universos discursivos con los que dialogó Barthes se encuentra, como debe ser en todo intelectual contemporáneo que se precie, el psicoanálisis. Así lo deja ver, en un tono trágico y cómico a la vez, en su autobiografía, Roland Barthes por Roland Barthes: “Ni padre que matar, ni familia que odiar, ni medio que rechazar: ¿gran frustración edipiana!”

A la muerte de su madre, Barthes empieza a escribir una serie de notas en papeles sueltos sobre lo que vive durante su duelo. Nos muestra la transformación desde un llamado a la muerte hacia una iniciación a la vida. Leeremos aquí algunos elementos de su diario a la luz de los aportes del psicoanálisis con respecto al excepcional texto de Freud, Duelo y la melancolía.

En 1915, el mismo año del nacimiento de Barthes, Freud realizó el primer borrador del texto que conocemos como Duelo y melancolía. Se puede considerar éste como una extensión del trabajo sobre el narcisismo que Freud escribiera un año antes en su relevante Introducción del narcisismo, de 1914. Lo que Freud va a destacar de la melancolía es su definición fluctuante y su capacidad para presentarse en diversas formas clínicas.

Ante las diversas formas clínicas a que se refiere Freud, y que podemos observar en la propia práctica clínica, los “estados melancólicos” se presentan con el rostro de la adicción, la desolación, las patologías del acto, el consumismo, la autoagresión o el abandono.

Freud, en Duelo y melancolía, describe similitudes y diferencias entre estos dos afectos, que sobrevienen como respuestas ante la pérdida de un objeto amado.

Freud destaca que el duelo es una respuesta normal y esperada, donde no hay nada inconsciente referido a la pérdida; a diferencia del padecimiento del melancólico, que sabe a quién ha perdido, pero no qué ha perdido en esa pérdida.

Respecto del duelo, al final del Seminario VIII Sobre la transferencia, Jacques Lacan señala que “el duelo consiste en autentificar una pérdida real, pieza a pieza, signo a signo […] hasta agotarlos. Cuando esto está hecho, se acabó.”

El duelo consistiría entonces en que el objeto, una vez perdido, deje de importar: se acabó.

El duelo, así visto, se realiza en dos tiempos: en el primero se pierde el objeto, y lo sustituye la aflicción de la pérdida; en el segundo, se pierde la pérdida.

En el segundo tiempo se realiza una segunda pérdida; en la elaboración se trata entonces del duelo del duelo. Así, el que llora sufre porque aún no ha perdido; el que realmente perdió deja de llorar. Este segundo tiempo es justamente el que falta en la melancolía. Es posible entonces decir que lo que se acaba en el duelo, no se acaba en la melancolía, donde se eterniza el sufrimiento. Tanto el duelo como la melancolía son reacciones del yo ante la pérdida de un objeto. La realidad da su veredicto, dice Freud: el objeto se ha perdido.

Ante esta pérdida, una vez perdido, si el objeto va a parar a la fantasía, donde podrá ser sustituido por otro, se realiza el penoso trabajo donde la libido abandona todas las ligaduras con el objeto. Se habla de estados melancólicos ante la evidencia de que la sustitución del objeto se suspende.

En lo que sigue, abordaré esta diferencia entre duelo y melancolía a partir de Roland Barthes y su elaboración del duelo ante la pérdida de su madre.

Nuestro intelectual francés, profesor de semiótica en la Escuela Práctica de Altos Estudios en París, vive con su madre hasta que ésta muere el 25 de octubre de 1977. Ante la muerte de su madre (la pérdida del objeto amado), al día siguiente comienza a escribir un Diario de duelo. Lo escribe entre el 26 de octubre de 1977 y el 15 de septiembre de 1979. Es decir, durante casi dos años.

Si atendemos a los tiempos en que se dice desde la psicología o la psiquiatría que debe hacerse un duelo “normal”, entre seis meses y un año, el duelo de Barthes ya sería calificado como patológico. Sin embargo, no son éstos nuestros criterios.

Hemos anotado que el duelo se realiza en dos etapas, que, insisto, no corresponden a un tiempo cronológico sino a un tiempo lógico, singular: la primera ante la pérdida del objeto; la segunda cuando se pierde la pérdida.

El Diario de duelo de Barthes recorre estos dos momentos. Está conformado por tres partes: “Diario de duelo”, “Continuación del diario” y “Nueva continuación del diario”. Además de algunas notas sueltas, no fechadas y algunos datos sobre su madre.

Resulta interesante notar ciertas variaciones entre el primer “Diario de duelo” y sus continuaciones. El propio Barthes se apercibe, apenas comenzada la “Nueva continuación del diario”, de cierto enrarecimiento de sus notas.

El paso del tiempo puede no haber gastado el duelo, pero sí es posible que lo haya transformado en otra cosa, lo cual parecía ser una intención del autor, quien escribe: “No suprimir el duelo (la aflicción) (idea estúpida del tiempo que abolirá) sino cambiarlo, transformarlo, hacerlo pasar de un estado estacionario (estasis, nudos en la garganta, recurrencias repetitivas de lo idéntico) a un estado fluido.”

La escritura es el medio de elaboración del duelo que nuestro autor ha escogido. Es ahí donde él verá las variaciones del proceso. Lo que al principio del diario, plantea Barthes, es un aferramiento a la escritura para que no venga la depresión, páginas después, el autor desea integrar la aflicción a la escritura. Señala: “creencia en que la escritura transforma en mí los ‘estasis’ del afecto, dialectiza las ‘crisis’”.

Aun cuando hay un reconocimiento de estar “orillado sin salida a la muerte”, dicho por Barthes con toda crueldad, sin embragues, nuestro personaje no se entrega a este “sin salida”; por el contrario, la escritura le permite disolver la inmovilidad que lo llevaría a poder narrar lo que en principio se presenta como inenarrable. Hace fluido lo inmóvil.

No busca dejar de sentir el dolor de la pérdida, no busca anestesiarse, no busca suprimir el duelo como se suprime una enfermedad; no, lo que hace es volver fluido lo inmóvil.

Si en la primera parte del libro, primera parte del duelo, se reconoce como “orillado sin salida a la muerte”, en la segunda parte, la llamada “continuación del duelo”, se reconocerá como “orillado sin escapatoria a iniciarme en el mundo”.

Auténtico movimiento de posición subjetiva. Así el rechazo del mundo, de la mundanidad, lo que planteaba al principio como el deseo de un “suave desterramiento: la ausencia del mundo (mi mundo) sin soledad” se transforma en un afán de estar inexorablemente expuesto a iniciarse en ese mundo que había rechazado.

El proceso no ha sido sencillo. Como señalaba Freud, va recogiendo pedazo a pedazo, dolida y dolorosamente, lo que lo ligaba al objeto de amor, su madre. Hay que destacar que Barthes vivió durante toda su vida con su madre. Tenía para entonces 62 años.

Lo primero con lo que se encuentra al morir su madre es con su presencia ausente al regresar al departamento en que vivían. Escribe pocos días después de la muerte: “Lunes 15 hrs. Vuelvo a entrar de regreso por primera vez al departamento. ¿Cómo voy a poder vivir aquí yo solo? Y simultáneamente la evidencia de que no hay ningún lugar donde cambiarse.” Sin ella, todo el departamento es un lugar para cambiarse, pero él ha perdido su lugar.

El duelo es un trabajo incesante, no conoce descanso, nos invade en la cotidianidad. Así lo narra Barthes, el 4 de noviembre: “el día de hoy, hacia las 17 horas, todo ha sido más o menos ordenado; está ahí la soledad, mate, a partir de ahora ya no hay otro término sino mi propia muerte […] nudo en la garganta: mi desgarradura se activa al hacer una taza de té, un pedazo de carta, al poner en su sitio un objeto —como si, cosa horrible, yo gozara del departamento arreglado ‘para mí’, pero este goce se pega a mi desesperación […] Todo esto define el desprendimiento de todo trabajo”.

Un año después de la muerte de su madre, Roland Barthes expresa en el diario su miedo al aniversario. Escribe: “Se acerca el día del aniversario de la muerte de mamá. Tengo miedo, cada vez más como si ese día (25 de octubre) ella debiera morir por segunda vez.”

La muerte de la madre, su ausencia, le revela a Barthes algo esencial. Escribe en el diario después de hacer referencia al cuento de Tolstoi El padre Sergio: “[oh, la paradoja: yo, tan ‘intelectual’, al menos acusado de serlo, yo hasta tal punto tejido de un metalenguaje incesante (que defiendo), ella me dice soberanamente el no-lenguaje]”.

Con esto cierra la primera parte del libro, la primera parte del duelo, donde el objeto perdido es llorado. Se abre la segunda parte, donde la pérdida se pierde. El reconocimiento del encuentro con el no-lenguaje produce un cambio en la vivencia.

 

Antonio Bello Quiroz

Psicoanalista. Miembro fundador de la Escuela de la Letra Psicoanalítica. Miembro fundador de la Fundación Social del Psicoanálisis. Ha sido Director fundador de la Maestría en Psicoanálisis y Cultura de la Escuela Libre de Psicología. Ha sido Director de la Revista *Erinias*. Es autor de los libros *Ficciones sobre la muerte*; *Pasionario: ensayos sobre el crimen* y *Resonancias del deseo*. Es docente invitado de diversas universidades del país y atiende clínica en práctica privada en Puebla.

Antonio Bello Quiroz
Un fantasma bien presente: el trastorno del espectro autista

Julio 23, 2021 / Por Kasandra García Hernández

En pocas palabras

Julio 23, 2021 / Por Márcia Batista Ramos

Aldabada para una conciencia ambiental

Julio 23, 2021 / Por Gabriela Quintana Ayala

Burocracia y control corporal

Julio 23, 2021 / Por Ismael Ledesma Mateos

¿Qué es el carbono y por qué es de colores?

Julio 20, 2021 / Por SiuLing Cinco Castro

Entendiendo lo que es la humildad

Julio 20, 2021 / Por Eliana Soza Martínez