Ensayo

Preguntas

Preguntas

Enero 18, 2022 / Por María Teresa Andruetto

En 1974, un año después de la muerte de Neruda, la editorial Losada público el Libro de las Preguntas, una suerte de testamento poético desde una sorprendida mirada de niño, un libro escrito al final de su vida en un regreso a la mirada de la niñez. Tengo en casa una preciosa edición de ese libro ilustrada por el artista plástico español Isidro Ferrer. Él nos dice en el epilogo:

Sobre las preguntas existen muchas dudas. ¿Son antes las preguntas o las respuestas? ¿Es necesario una pregunta para cada respuesta? ¿Es obligatorio responder? ¿Es necesario preguntar? ¿Qué distancia separa una pregunta de una respuesta? ¿Todo lo que va entre interrogantes es una pregunta?

¿Podría repetir la pregunta?

Existen muchas más respuestas que preguntas, dice. Y todo está lleno de respuestas: las enciclopedias, los periódicos, los manuales, los prospectos médicos, los libros de autoayuda, los sermones, los consejos... Pero la verdadera dificultad se encuentra en la formulación de preguntas que den sentido a las respuestas.

Hablando de preguntas, fui a ver una vez más un video donde el boxeador Cassius Clay, Muhamed Ali, cuenta —con la mayor elegancia y con ese despilfarro de inteligencia tan potente como su golpe de puño— que cuando era chico e iba a la iglesia los domingos se preguntaba (porque no solo soy boxeador, también leo, también pienso y cuando viajo le hago preguntas a la gente para saber cómo viven, aclara) y le preguntaba a su madre:

Mama, ¿por qué todo es blanco? ¿Por qué Jesús es blanco y tiene los ojos azules? ¿Por qué en La última cena todos son blancos y la Virgen María es blanca y los ángeles también son blancos? ¿Por qué Tarzán, el rey de la selva africana, es blanco?, ¿y Miss América y Miss Mundo siempre son blancas, habiendo tantas mujeres negras que también son hermosas? ¿Y por qué la torta de crema se llama torta del angel y la de chocolate se llama torta del diablo; y el presidente vive en una casa que se llama La Casa Blanca y los niños cantan esa canción que dice María tenía un corderito blanco como la nieve; y Papá Noel es blanco y el patito feo es el patito negro y el gato negro trae mala suerte?

Y dice también que, de niño, le preguntó una vez a su madre si los negros, al morir, iban al cielo y la madre le dijo que sí, que por supuesto que también iban al cielo. ¿Y entonces donde están los ángeles negros?, pregunto él. Y la madre le dijo que estaban en la cocina del cielo, preparándole a los ángeles blancos su taza de leche con miel. Y que todo eso le llamo la atención, le hizo pensar que algo no andaba bien.

La escritora norteamericana negra Toni Morrison recibió el Nobel de literatura en 1993. Unos años antes, cuando murió el escritor James Baldwin, el protagonista de la película Yo no soy tu negro, ella le dedicó en la Catedral de San Juan, el Divino, en Nueva York, un texto sobre la fuente de la autoestima:

Como muchos de los que nos hemos quedado aquí, yo creía conocerte. Ahora descubro que, en tu compañía, a quien conocía era a mí. Me has entregado una lengua donde morar, una verdad sin ornamentos, un regalo tan perfecto que tengo la impresión de haberlo inventado por mí misma. Llevo tanto tiempo pensando tus ideas, habladas y escritas, que he llegado a creerlas mías. Me has entregado tu valor, el valor de apropiarnos de una geografía ajena, hostil y totalmente blanca, porque habías descubierto que “este mundo ha dejado de ser blanco y nunca volverá a serlo”. El tercer regalo ha resultado difícil de comprender y aún más difícil de aceptar. Ha sido tu ternura. Una ternura tan delicada que me parecía que no podía durar, pero ha durado, y ha acabado por envolverme, como un susurro en un lugar repleto, algo tan leve y definido como una telaraña que me golpea bajo las costillas y deja pasmado de asombro mi corazón. La tuya ha sido una ternura, una vulnerabilidad, que lo pedía todo, que lo esperaba todo.

Y entonces cierra también ella, con preguntas:

¿Sabías lo mucho que necesitaba tu lenguaje y la mente que le daba forma? ¿Sabías lo mucho que dependía de tu tenaz coraje para que domara la jungla por mí? ¿Sabías lo mucho que me fortalecía la certeza de que jamás me harías daño? Lo sabías, ¿verdad? ¿Sabías cómo amaba tu amor? Lo sabías.

No es necesario responder a todas las preguntas, dice el artista plástico del comienzo. Y si bien a veces una pregunta tiene muchas respuestas, a veces es a la inversa: muchas preguntas nos llevan a una sola —la misma— respuesta.

 

María Teresa Andruetto

Arroyo Cabral, Córdoba, Argentina (1954). Hija de un partisano piamontés que llegó a Argentina en 1948 y de una descendiente de piamonteses. Estudió Letras en la Universidad Nacional de Córdoba en los años setenta. Después de una breve estancia en la Patagonia y de años de exilio interno, al finalizar la dictadura trabajó en un centro especializado en lectura y literatura destinada a niños y jóvenes. Formó parte de numerosos planes de lectura de su país, municipales, provinciales y nacionales, así como de equipos de capacitación a docentes en lectura y escritura creativa.

Ha hecho de la construcción de la identidad individual y social, las secuelas de la dictadura y el universo femenino los ejes de su obra.

Su obra literaria incluye, entre otros títulos, Stefano (1997), Veladuras (2004), Lengua Madre (2010), La lectura, otra revolución (2014), No a mucha gente le gusta esta tranquilidad (2017) y Poesía reunida (2019).

Recibió el V Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil en 2009 y premio Hans Christian Andersen, el "Nobel de la Literatura Infantil", en 2012, entre otros.

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