Ubú

Burocracia y control corporal

Burocracia y control corporal

Julio 23, 2021 / Por Ismael Ledesma Mateos

La política concierne a los cuerpos. De ahí el interés de Michel Foucault al respecto de la corporeidad, con relación a la microfísica del poder, y a la categoría de “biopolítica”. Aquí nos encontramos con otro concepto fundamental, que es el de disciplina, que atañe también al control de los cuerpos. La disciplina no es un sinónimo de ciencia, como muchos erróneamente piensan. La disciplina implica un componente material, es la infraestructura del cuerpo de una ciencia que se encuentra en las facultades, escuelas y departamentos universitarios, en las sociedades científicas y académicas, en los libros de texto, en los manuales escolares y los planes de estudio.

La disciplina requiere el control de los sentimientos, de las emociones, de los movimientos y las posiciones del cuerpo, tal como pasa en un laboratorio, donde hay que posicionar la vista de una determinada manera para tener la lectura correcta de un volumen de líquido en una bureta o una pipeta, cómo colocar los ojos ante un microscopio o resistir el calor de un mechero al hacer girar una caja de Petri para esterilizarla y hacer un trabajo bacteriológico, o cómo se debe posicionar un soldado al montar guardia o realizar un disparo. Aquí está presente el control de la corporeidad, y la burocracia requiere también ese control, posicionamiento y actitudes corporales para conseguir el ejercicio del poder.

Acerina Martín Zea, en su texto Burocracia y neoliberalismo, una relación paradójica (2016), cita a Michel Foucault cuando se ocupa de la burocracia como forma de dominación al hablar de las técnicas de los gobiernos, de la aparición de la estadística y de la aparición de diversas disciplinas —discursos y procedimientos— que permiten manejar grandes cantidades de datos referidos a las poblaciones, considerando a esta novedad como biopolítica. Hace ver que vivimos en la era de la gubernamentalidad, donde la “gubernamentalización” del Estado ha sido el fenómeno que le ha permitido sobrevivir como estructura de poder, control y vigilancia en torno a la tríada población-territorio-seguridad. Hoy en día, lo que el Estado es se debe a la gubernamentalidad, siendo esta interna y externa al mismo Estado. Por lo tanto, el Estado no puede entenderse sin la aclaración del significado de este concepto (Michel Foucault, “La gubernamentalidad”, en Espacios de poder, Ed. La Piqueta, 1981).

José Luis Tejeda González, en su texto “Biopolítica, control y dominación” (Espiral, 2011), escribe: “El estudio de la biopolítica como incidencia del poder sobre la vida es cada vez más relevante. Un tema tan antiguo y tan novedoso a la vez, adquiere importancia mientras las estructuras de control y dominación sobre los seres humanos se vuelven más opresivas. Con el concepto de la biopolítica se pensaba que se abría la discusión de las ciencias sociales y humanas a campos nuevos e inéditos en la investigación académica. En un sentido lo ha sido, ya que las tecnologías de la información y la comunicación, el control y el manejo del poder sobre los individuos, las subjetividades y los cuerpos llegan a terrenos inexplorados. En otro aspecto, nos regresa a discusiones clásicas sobre el poder, la soberanía, el cuerpo y la violencia. Esta serie de asuntos políticos clásicos se consideraban hasta superados, en vista de que la era de las libertades, la democracia y los derechos humanos volvía innecesario su tratamiento y por ende irían perdiendo relevancia a la larga. Lo que estrictamente involucra las estructuras de poder y las relaciones crudas de autoridad y el gobierno con individuos y ciudadanos, se convierte en uno de los asuntos cruciales de la biopolítica. Nada más antiguo y hasta precivilizatorio que las relaciones físicas y corporales del poder sobre los ciudadanos y las personas. Y esto se presenta como una discusión de actualidad que refleja más bien el rol que ocupan las relaciones de poder descarnadas en las sociedades contemporáneas. En una especie de prepolítica o de impolítica, se ve el no-ser de la política, su retroceso a lo más elemental y biológico de las personas. De hecho, habría que formularse una interrogante inquietante acerca de si la ascensión de la biopolítica no es una expresión conceptual de los retrocesos en materia democrática que vivimos en la era actual”

Como señala Merton (Teoría y estructura sociales, 1949): “La mayor parte de los empleos burocráticos suponen la expectativa de la tenencia vitalicia y la ausencia de factores perturbadores que puedan reducir el tamaño de la organización. La burocracia eleva al máximo la seguridad vocacional. La función de la seguridad en la tenencia del empleo, de las pensiones, del aumento de sueldo y de los procedimientos reglamentados para el ascenso es conseguir el cumplimiento escrupuloso de las obligaciones oficiales, sin tener en cuenta presiones extrañas El mérito principal de la burocracia es su eficacia técnica, con una gran estimación por la precisión, la rapidez, el control experto, la continuidad, la discreción y la óptima restitución del gasto que representa. La estructura se aproxima a la eliminación completa de relaciones personalizadas y de consideraciones no racionales (hostilidad, ansiedad, complicaciones sentimentales, etcétera)” y eso implica el control de los cuerpos, lo que involucra la vida y la muerte.

Merton prosigue: “La transición al estudio de los aspectos negativos de la burocracia la ofrece la aplicación del concepto de Veblen de incapacidad adiestrada, de la idea de Dewey de ‘psicosis profesional’, o la de Warnotte de ‘deformación profesional’. La incapacidad adiestrada se refiere al estado de cosas en que los talentos de uno funcionan como insuficiencias o puntos ciegos. Actos basados en el adiestramiento y destrezas que fueron aplicados con éxito en el pasado pueden resultar reacciones inadecuadas en circunstancias nuevas. Una flexibilidad insuficiente en la aplicación de destrezas dará por resultado desajustes más o menos graves en un ambiente modificado. Así, para poner el ejemplo de una granja, usado a este respecto por Burke, las gallinas pueden ser condicionadas rápidamente para interpretar el sonido de una campana como señal de la comida. La misma campana puede usarse después para reunirlas con objeto de decapitarlas. En general, cada quien adopta medidas de acuerdo con su pasado adiestramiento y, en circunstancias nuevas que no son consideradas significativamente diferentes, la misma solidez del adiestramiento puede llevar a la adopción de procedimientos equivocados. Además, según la frase casi ecolálica de Burke, ‘la gente puede estar impreparada por estar preparada con una preparación inadecuada’; su preparación puede convertirse en una incapacidad. El concepto de Dewey de psicosis profesional descansa en observaciones muy parecidas. A consecuencia de sus rutinas cotidianas, la gente adquiere preferencias, antipatías, discriminaciones y acentúa ciertas cosas. (Dewey usa la palabra psicosis para designar un ‘carácter pronunciado de la mente’.) Tales psicosis se desarrollan mediante las exigencias que formula al individuo la organización particular de su papel profesional”.

Burocracia y psicosis están en conjunción, como se afronta en nuestra vida cotidiana. Aunque esto no sería teorizado en el reino de Ubú, ahí también esta presente el control de los cuerpos, al momento de castigar a los que se rebelen aplicando palitroques en la onejas y usando las tenazas de descerebración, la extracción del cerebro por los talones, la torsión de nariz, la arrancadura de cabellos, la laceración del trasero o la supresión total o parcial de la médula espinal. Con seguridad no hemos sufrido cosas tan horripilantes, pero sí daños a nuestro cuerpo, como el golpe en la mano con una regla de madera con filo de metal, que me ocurrió en la escuela primaria, y de la que tengo una marca que me ha acompañado toda mi vida, y el sangrado de la herida, solo por haber salido de la fila cuando se ordenaba guardar la distancia antes de entrar al salón de clase.

 

¡Vamos a interrumpir aquí!

 

                                                                       ubu.mexicano@gmail.com

  

 

Ismael Ledesma Mateos

Biólogo (UNAM), Maestro en Ciencias en Bioquímica (CINVESTAV), Doctor en Ciencias (UNAM), Premio a la mejor tesis doctoral en ciencias sociales en el área de historia por la Academia Mexicana de Ciencias (1999), Postdoctorado en el Centro de Sociología de la Innovación de la Escuela Nacional Superior de Minas de París, Francia. Director fundador de la Escuela de Biología de la UAP, Presidente de la Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología A.C (SMHCT) (2008-2014), profesor-investigador de la FES Iztacala de la UNAM.

Ismael Ledesma Mateos
El amor: eso que no cesa de no inscribirse

Septiembre 28, 2021 / Por Antonio Bello Quiroz

Último soliloquio de un chiquitano

Septiembre 28, 2021 / Por Márcia Batista Ramos

Satchmo, el de la boca grande

Septiembre 28, 2021 / Por María Teresa Andruetto

Julian Huxley, el primer director de la UNESCO

Septiembre 24, 2021 / Por Alejandro Hernández Daniel

En pocas palabras

Septiembre 24, 2021 / Por Márcia Batista Ramos

El primer amor es el más importante

Septiembre 24, 2021 / Por Eliana Soza Martínez

CONACyT: Conflicto contra un cambio

Septiembre 24, 2021 / Por Ismael Ledesma Mateos