Ubú

Elecciones 2021: La incertidumbre remontada

Elecciones 2021: La incertidumbre remontada

Junio 11, 2021 / Por Ismael Ledesma Mateos

Las elecciones del 6 de junio de 2021 estuvieron rodeadas de un halo de incertidumbre. Muchos teníamos confianza en el triunfo de Morena, sin embargo siempre hay que dudar de todo y lo que en todo momento permanece es la incertidumbre. Fue tan intensa la guerra sucia que era preocupante que hubiera tenido impacto en el electorado: campañas vacías, sin propuestas, donde la oposición PAN-PRI-PRD sólo se enfocaba a derrotar a Morena y hacerse de la mayoría en la Cámara de Diputados, donde lo único imperante era el odio y la animadversión ante un nuevo proyecto de nación.

            El 6 de junio fue un día tenso. Se elegirían diputados federales, diputados locales, presidencias municipales, gubernaturas de algunos estados y alcaldías de la ciudad de México. Por ello se hablaba de la elección más grande de la historia del país, considerando el número de cargos a elegir (21,368) y la infraestructura: 161,550 casillas y un millón de funcionarios para ellas. Fue hasta las 23 horas que se pudo tener certeza con las cifras oficiales del INE, que marcaban una tendencia de la votación favorable para Morena: alcanzaba una mayoría, no holgada pero mayoría al fin, que ya sumada con las cifras de sus aliados, PVEM, PT y PES, da una mayoría suficiente, a diferencia de la suma de PAN, PRI y PRD, que no la alcanza.

            El resultado en la Cámara de Diputados implica la cancelación del intento de “golpe blando”, que era la pretensión de Claudio X. González y sus esbirros. Invirtieron mucho dinero en su intentona, incluyendo recursos que les llegaron por medio de la embajada de los Estados Unidos, en una actitud violatoria de la soberanía nacional que no ha sido aclarada por el gobierno de ese país, a pesar de la nota diplomática enviada por la cancillería y que no ha tenido respuesta, lo cual es desconcertante. Pero no lo lograron. El pueblo mexicano votó y fueron derrotados democráticamente. Ahora sí podemos decir que México se encuentra en una verdadera transición a la democracia.

            La oposición reaccionaria apostaba a obtener la mayoría legislativa, controlar con ello el presupuesto, frenar las iniciativas presidenciales y, en un caso extremo, buscar la destitución del mandatario. Ahora, en el nuevo escenario, tendrán que participar y argumentar en los debates en tribuna, pero no podrán imponer nada. No solo sufrimos el acoso mediático, sino también se cometieron el día de la elección actos vandálicos, incluso un atentado con una granada en una casilla del Estado de México, intentos de robo de urnas y actos intimidatorios, retaso en el inicio de las votaciones fueron parte de un panorama encaminado a enturbiar el proceso, incluso buscando anular las elecciones, pero no lo consiguieron.

            Tal como en la campaña, en todo momento la clave era la estrategia del miedo: si, —¡qué horror!— vamos para una dictadura, si gana se querrá reelegir, vamos para ser como Venezuela, el comunismo nos acecha y cosas así manejaban ante la opinión pública. Hasta extremos como decir que este gobierno no invierte en la educación y no le interesa, o que es opuesto a la ciencia y la tecnología, donde algunos científicos eminentes se han derechizado y atacan constantemente a la dirección actual del CONACyT. Es lamentable cómo algunos intelectuales y científicos llamaron a votar en contra de Morena, asumiendo una actitud golpista, que es en realidad el colmo de la ideologización en un sector que debería basarse en la libre discusión de las ideas y no actuar en un estilo panfletario.

            El colmo de la desinformación se dio el lunes 7, donde la mayoría de los medios de comunicación no fueron claros al respecto de los resultados. El diario español El País dijo que Morena había ganado, pero perdido la “mayoría relativa” —cosa absurda— y otros periódicos mexicanos afirmaban que se había perdido la “mayoría calificada”, pero no se puede perder lo que no se tiene. El partido mayoritario en el poder nunca tuvo una mayoría calificada, la cual siempre es el resultado de una negociación en la discusión de cada proyecto de ley, lo que implica acuerdos y alianzas, como ocurre en todas las democracias. Y eso se requiere solo para reformas constitucionales, e implica dos terceras partes de los legisladores. Pero pareciera que impera la ignorancia, o de lo que se trata es de confundir.

            El Universal tuvo como titular “Morena también pierde la mayoría calificada en la ciudad de México”, manteniendo la misma confusión. Es cierto que perdió varias alcaldías —la alianza opositora “Va por México” ganó 8, en tanto que la coalición Morena-PT sólo 7, y el PAN 1—. Esto representa, en efecto, un descalabro dado que la capital tenía muchos años de estar gobernada por la izquierda y ahora se nos muestra un mapa partido, que muchos comparan con el Berlín de la guerra fría, ciudad dividida por un muro, aunque en este caso se ha asociado a la desigualdad social, donde delegaciones donde predominan las clases medias y altas serán gobernadas por los opositores. Pero el caso de la CDMX debe analizarse por separado del conjunto del país. Es un caso particular, donde intervienen múltiples factores, incluyendo la mala gestión de los alcaldes de Morena y la falta de estrategia de la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum. Aquí se genera un escenario donde lo primordial para que exista un ambiente de gobernabilidad será la concertación para poder llegar a acuerdo, lo cual es la esencia de la política.

            Un caso lamentable es la ciudad de Puebla, donde la Coalición “Va por México” ganó con el panista Eduardo Rivera Pérez, que ya había sido hace años Presidente Municipal, vinculado con “el yunque”. Este triunfo puede ser asociado con el apoyo del Gobernador morenista Miguel Barbosa, que estuvo en contra de la candidata de Morena Claudia Rivera Vivanco, quien le ganó la postulación a Gabriel Biestro, favorito de Barbosa para gobernar la ciudad. Se trata de una intriga interna de ese partido, donde se prefirió perder la capital que dejarla en manos de una adversaria interna.

            A pesar de todo ello, el panorama general a nivel nacional resulta alentador y nos llena de esperanza. A este respecto resulta muy sintomático lo dicho por el panista Gustavo Madero en contra del PRIAN: “No pudimos frenar a Morena, hay que reconocer que perdimos. Nos ganaron. No tenemos que celebrar. No vivamos en el autoengaño. Falló la estrategia del miedo.” Y remata: AMLO “sigue siendo la esperanza de la mayoría”.

            En el reino de Ubú no había elecciones ni acuerdos, ni consensos, ni negociaciones. Se trata de un mundo, en estos aspectos, ajeno al que hoy en día vivimos en México, aunque no en lo que toca al autoritarismo, que caracterizaba a los regímenes anteriores, hoy se vive y se respira democracia, contra lo que todos los detractores quieran decir. No es el México de la represión a la disidencia, no es un país donde la oposición es proscrita, no es el lugar donde hace 50 años se dio la agresión al movimiento estudiantil en la llamada “masacre del jueves de corpus” el 10 de junio de 1971. Este es el México actual, diferente al reino de Ubú, al que nos querría llevar el PRIAN y el empresariado del que son títeres.

 

¡Vamos a interrumpir aquí!

 

                                                                           ubu.mexicano@gmail.com           

Ismael Ledesma Mateos

Biólogo (UNAM), Maestro en Ciencias en Bioquímica (CINVESTAV), Doctor en Ciencias (UNAM), Premio a la mejor tesis doctoral en ciencias sociales en el área de historia por la Academia Mexicana de Ciencias (1999), Postdoctorado en el Centro de Sociología de la Innovación de la Escuela Nacional Superior de Minas de París, Francia. Director fundador de la Escuela de Biología de la UAP, Presidente de la Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología A.C (SMHCT) (2008-2014), profesor-investigador de la FES Iztacala de la UNAM.

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