Narrativa

Diarrea emocional

Diarrea emocional

Mayo 14, 2024 / Por Damián Cruz González

En algunos años de mi adolescencia sufrí de constantes y brutales dolores en el estómago, los cuales hacían que me doblara y saliera corriendo al baño para descargar. Pensaba que estos calambres se debían a tanta comida chatarra que tragaba. Me molestaba mucho que estas ganas de cagar se presentaran en la secundaria, porque me daba mucha vergüenza ir a los baños de ahí. Defecar en la escuela era todo un reto, porque después tenías que aguantar la burla de los compañeros. Así que casi siempre me aguantaba hasta llegar a la casa.

No sé por qué, pero la diarrea apareció con más intensidad en los tiempos en que mi padre bebió mucho alcohol. De esos días de excesos, recuerdo principalmente cuando mi papá llegaba por las noches a la casa. Además de estremecerme, eran veladas interminables, negras, una pesadilla. Aquí comenzaba mi larga agonía. Mi creador, ese espectro que se presentaba dominado por el alcohol, se quedaba afuera gritándole a mi mamá para que le abriera el portón: ¡Rosa, ábreme, chingada madre! En algunas ocasiones, cuando ella no le abrió la puerta, escuché cómo mi papá quebraba los vidrios con el puño. Cuando él entró, vi con horror delirante cómo se sentó tambaleante en la oscura sala. Sabía lo que haría después: encender el estéreo a todo volumen. Recuerdo una canción que siempre ponía de Los Ángeles Negros: todo fue un cuento de mil y una noches, todo un poema de amor y ternura, nos envidiaba hasta el mar que jugaba a esconderse allá en las dunas… Sólo de oírla a las dos de la madrugada, a más de cien decibeles, me causaba una tremenda angustia, la cual se intensificaba cuando mi progenitor andaba merodeando por la casa. No puedo decir que antes de que saliera el sol caía dormido, más bien el dolor síquico de este entorno infernal hacía que perdiera la conciencia.

Estos episodios siempre hicieron que me preguntara: ¿realmente la familia es la que te provee de lo necesario para sobrevivir en la vida y es un núcleo de amor, confianza, respeto y demás cosas? Aunque creo que a mí me estaban preparando para fracasar en todas las áreas de mi vida. Pero bueno, mi mamá dice que no debo de juzgar a mi papá, porque él es muy buena gente. Aun así, siempre cuestioné estas ideas sobre la familia nuclear.

Como sea, después de estas noches de caguamas, al otro día me iba a la escuela. Además de sentirme hundido en la más grande miseria sin saberlo, cargaba un sopor que me impedía concentrarme en clase. En una ocasión, estando en la asignatura de química, un horroroso espasmo que provenía de la parte baja de mi pecho comenzó a invadir todo mi cuerpo. Dolor tras dolor, que volvía y se iba a una velocidad inimaginable. Estos calambres que me punzaban hasta el alma, no podía detenerlos. Murmullaba sin parar para que se fueran, pero nada. Tampoco contaba con la valentía suficiente para pedirle ayuda al profesor. Traté de apretar el culo y reunir mucha fuerza para no descargar en el salón. Esto me hizo sudar mucho. De pronto, no puede más: me entregué y abracé al dolor. Una sensación de hormigueo envolvió mi organismo, hasta que salió todo el mal de él. Esto produjo un bienestar y una liberación momentánea. Luego, comencé a sentir algo líquido y caliente en el trasero. Esta consistencia no traspasó mi vestimenta, porque el mal fue contenido por un pantalón extra que llevaba puesto. Gracias a la vida, porque ese día hacía mucho frío. Ahora la vergüenza me atacaba. No sé cómo, pero alcancé a articular algunas palabras para pedir ayuda.

Lo más bochornoso fue ver cómo mis compañeros se reían de mí cuando salía del salón. Ya en la dirección, le dije a la directora que me había cagado en los pantalones. La encargada de la escuela me preguntó si alguien podía pasar a recogerme, pero mi papá andaba pedo y mi mamá trabajando, así que no. Después de esto, una persona de la secundaria me llevó a la casa para que me cambiara y me quedara ahí. Pasé varios días, semanas, meses e incluso años sintiéndome así. No sé cómo, dónde, ni cuando, pero un día esos dolores desaparecieron. Tal vez, mi cambio de comida chatarra a vegetales y cosas así ayudó a que mi estómago se aliviara. No creo que haya tenido que ver con que mi papá fue encerrado en un centro de rehabilitación para el alcoholismo y que nunca más tuvo que volver a beber alcohol, ¿o sí?

 

Damián Cruz González

Tengo 37 años y nací en el estado de Veracruz. Actualmente soy doctorante en Sociología por la Universidad Autónoma Metropolitana, Ciudad de México. Estudié la Maestría en Antropología Social en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), Chiapas. He trabajado como profesor de Universidad. He publicado dos artículos y dos capítulos de libros.

Damián Cruz González
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