Ubú

Alfredo López Austin, crítica y desencanto

Alfredo López Austin, crítica y desencanto

Octubre 22, 2021 / Por Ismael Ledesma Mateos

Portada: Alfredo López Austin, imagen tomada de lasillarota.com

 

Conocí a Alfredo López Austin en 1992, cuando lo busqué en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM para entregarle un paquete de libros que, en Valencia, España, el Dr. José María López Piñero, historiador de la medicina y de la ciencia, me pidió le trajera a México. Posteriormente conversé con él cuando lo encontré con mi maestro Roberto Moreno de los Arcos, en una visita que hizo al Instituto de Investigaciones Históricas, también de la UNAM. Era sin duda un investigador extraordinario.

López Austín nació el 12 de marzo de 1936 en Ciudad Juárez, Chihuahua, México. Estudió Derecho en la Universidad Autónoma de Nuevo León (1954-1955) y en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) (1956-1959). Se tituló con la tesis La Constitución Real de México-Tenochtitlán. Entre 1965 y 1968 estudió historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, graduándose con una tesis acerca de los cuestionarios empleados por Fray Bernardino de Sahagún durante la elaboración de su obra. De 1968 a 1970, estudió la maestría en historia en la misma facultad. Su tesis de maestría se tituló Hombre-dios. Religión y política en el mundo náhuatl.

Al tiempo que realizaba su licenciatura y maestría en historia, se desempeñó como investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM (entre 1965 y 1976). Ese mismo año, pasó al Instituto de Investigaciones Antropológicas de la misma universidad. Entre 1970 y 1972, estudió el doctorado, graduándose en 1980 con la tesis Cuerpo humano e ideología: Las concepciones de los antiguos nahuas. López Austin recibió, durante sus años de formación, la influencia de la escuela historiográfica francesa de los Annales, más en concreto del historiador francés Fernand Braudel, cuyo concepto de los distintos tiempos históricos fue reelaborado por López Austin para explicar la realidad histórica de Mesoamérica y para acuñar el concepto de núcleo duro como el conjunto de elementos de una cosmovisión que tienen una gran resistencia al cambio histórico y que estructuran y dan sentido al resto de la cosmovisión. Así, el núcleo duro está constituido por elementos, estructuras y esquemas que tardan mucho tiempo en cambiar y transformarse o que se transforman de modo muy lento y paulatino. El núcleo duro se encarga de estructurar y dar forma a los elementos nuevos y maleables que se van incorporando a la cosmovisión. Este concepto lo han utilizado ampliamente colegas y alumnos, pues explica las largas continuidades ideológicas presentes en la historia mesoamericana.

Sus investigaciones más conocidas son las de la antigua concepción del cuerpo humano y de las distintas almas que lo componen: las de la naturaleza del mito mesoamericano, las de la creación del mundo, y las de la geometría y el funcionamiento cósmicos. En sus trabajos refleja su interés por entender la cultura mesoamericana desde la propia visión indígena, a la par que acuña el término núcleo duro y replantea el concepto de mito. En los últimos años, López Austin dirigió sus esfuerzos a comparar las tradiciones religiosas mesoamericana y andina. En esta tarea, ha trabajado en conjunto con el investigador peruano Luis Millones. Falleció el pasado15 de octubre de 2021 y fue padre del también mesoamericanista y arqueólogo Leonardo López Luján.

 

Como escribió Elena Poniatowska “Adiós a Alfredo López Austín”, La Jornada 16-10-2021): “Su tesis Cuerpo humano e ideología: las concepciones de los antiguos nahuas, conquistó a lectores que nada sabían de nuestro pasado. Fernand Braudel, quien vino a México en varias ocasiones y revolucionó la historiografía del siglo XX, lo tenía en alta estima. Además de su labor académica, López Austin gozaba —a diferencia de otros científicos—, de un gran sentido del juego y, en cierta forma, también del arte de la comedia. ¿Qué científico mexicano habría escrito Una vieja historia de la mierda con Francisco Toledo en 2009? Su libro inspiró a Liliana Felipe quién compuso Canciones de mierda.

”A Guillermo Haro, astrónomo, le interesó su idea de la creación del mundo, la geometría estelar y el funcionamiento cósmico que aparece en nuestros códices. Alguna vez lo escuché decirle a Fernando Benítez, en Tonantzintla, que quien mejor comprendía la visión indígena de nuestro pasado era López Austin. El conejo en la cara de la luna fue un libro inspirado por una frase de su esposa Martha, quién le aseguró que ‘cuando llueve con sol está pariendo una venada’. López Austin había hecho la carrera de abogado y ya casado con Marta cambió: ‘¿Sabes qué, Marta? Vamos a tener que hacer otra carrera’ y ella respondió: ‘Pues vamos’.

”También salía al campo con muchachos de todas las edades, quienes lo buscaban porque nunca rechazó a nadie. ‘Si quieres conocer la vida de los indígenas, tienes que ir a su comunidad’. López Austin aguanto el calor y el frío con tal de aprender de sus amigos. Personaje único de la cultura mexicana, se consideró siempre un trabajador con un compromiso: México”.

En una entrevista realizada por Elena Poniatowska (“Quisimos llegar a una democracia y no lo hemos logrado: López Austin” La Jornada17-01-2021), ella le decía: “Doctor López Austin, he leído algunos de sus conceptos y veo que es usted muy bravo en sus críticas

”—No, no tanto, no tanto. Me he sentido decepcionado con el régimen actual. Cuando uno lucha toda la vida y siempre está uno en el lado perdedor y cuando llega uno a viejo y cree que ya ganó y se da cuenta de que no fue así, se siente uno triste y decepcionado.

”—¿Decepcionado? Usted es un hombre victorioso en todos sus aspectos. Acabo de leer un currículum de muchísimas páginas con logros y reconocimientos de grandes universidades europeas y estadunidenses que celebran sus artículos, toman en cuenta sus consejos y reconocen su sabiduría. Eso, doctor, sólo lo logra una mente excepcional.

”—Soy mexicano y me preocupa mucho mi país.

”—En este momento, ¿qué le preocupa más, aparte, claro, de la pandemia, que a todos nos tiene muy afligidos?

”—Me preocupa que quisimos llegar a una democracia y no lo hemos logrado. Creo que la democracia es la participación de todos en la construcción de México, con la voluntad de todos y veo que esto aún no sucede. Es lo que ahora más me decepciona.

”—¿Usted siente que siguen sin tomarse en cuenta a los más pobres? ¿Los indígenas siguen marginados a pesar del ‘Primero los pobres’?

”—Sí, creo que no nada más a ellos, a todos. Queremos hablar, queremos hacer racional nuestro diálogo. Cada uno de los mexicanos debe expresarse, pero para ser oído, y hasta ahora no ha habido diálogo.

”—¿Cuándo tuvimos ese diálogo?

”—Nunca lo hemos tenido, por eso estoy triste. Ahora lo que tenemos es un monólogo.

’Me gustaría, querida amiga, tener la imaginación poética para ver dos caminos frente a México. Uno de ellos sería el de la soberanía popular de una nación consciente de su diversidad, camino en que la dialéctica racional de las diferencias luchara cotidianamente para orientar la dirección política. El otro sería el de una nación unificada debido a la confianza absoluta en un líder, fundada en la concentración del poder ideológico, político y militar. Son caminos diferentes, por lo que ninguno de ellos puede servir como medio para llegar al otro. Me gustaría pensar que aún puede darse el primer paso y que dicho paso es urgente y decisivo. Me gustaría pensar que México aún puede elegir el primer camino’.”

Leer esto en voz de uno de los más grandes intelectuales e historiadores del país, de un hombre de pensamiento crítico, es digno de reflexión y debe llevar al gobierno acerca de sus acciones y a definir las estrategias necesarias para reorientar el rumbo en los aspectos que sea necesario. No se trata de un comentócrata u opinócrata nefasto, como los que pululan en los medios al servicio de los intereses de la derecha, no se trata de un intelectual orgánico al servicio de los regímenes del pasado y sus manipulaciones ideológicas, sino alguien con la esperanza de un cambio, de una verdadera transformación, que al percatarse de que esto no se ha dado en la medida de lo deseado, cae en el desencanto. Esto ha ocurrido con muchos individuos que esperaban cambios más radicales, aunque se debe ser consciente que remontar los efectos de 36 años de gobiernos neoliberales no es cosa fácil.

Las críticas y cuestionamientos de López Austín no pueden compararse con la que sostienen, de manera abyecta, personajes del ámbito intelectual como Aguilar Camín, Jorge Castañeda, Enrique Krauze, Roger Bartra, Denise Dresser, los científicos que se muestran como víctimas o periodistas maledicentes como Raymundo Riva Palacio, Carlos Loret de Mola, Pablo Hiriart, Brozo “el payaso tenebroso”, Joaquín López Dóriga y otros sátrapas de la misma calaña. Se trata de un cuestionamiento sincero que revela un anhelo que ha su juicio no se ha cumplido, y eso conduce a una decepción.

Yo creo que fortalecer al gobierno actual requiere de una crítica seria y fundamentada, que evite caer en posturas cortesanas, tentación muy difícil de evitar, lo que no significa que sea posible. Nos encontramos ante un escenario de polarización, donde la derecha, por todos sus medios, busca atacar al nuevo régimen, denostarlo, pero eso no debe confundirse con críticas serias fundamentados. Nos encontramos en un momento crucial para el futuro de la nación, en una disputa entre las fuerzas reaccionarias se oponen a una genuina transformación. Y aquí, mentes brillantes como la de Alfredo López Austin, resultan imprescindibles. Aquí resulta desconcertante el hecho de, que con motivo de su muerte, el Presidente López Obrador haya guardado silencio, no emitiera declaración alguna y no reivindicara a este gran historiador mexicano, manifestando la importancia de reflexionar acerca de sus críticas, pues él sin duda fue un interlocutor válido, al que debió darle respuesta.

Uno de los intelectuales orgánicos del gobierno de la llamada 4T, Pedro Salmerón Sanguines, en la Feria del Libro del Zócalo habló de quien fuera su maestro de la materia “Mesoamérica”, pidiendo luego de ello un minuto de silencio en su memoria, y en La Jornada (19-10-2021) se refirió a su creciente crítica al actual gobierno, diciendo, para terminar su artículo, “lo que no reduce ni un ápice de mi respeto y admiración por él, al contrario”. Algo así debió de haber dicho el primer mandatario de la nación que se asume como indigenista, ante un hombre que dedicó su vida al conocimiento de las civilizaciones precolombinas.

El reino de Ubú no tiene un pasado impactante, como el de la Mesoamérica anterior a la invasión española y la conquista. Tampoco contó con intelectuales y estudiosos de la historia como lo fue López Austin. Para el padre Ubú, esas cosas no eran de su interés, sin darse cuenta de que el entendimiento del pasado es determinante para en entendimiento de la realidad de su tiempo y el diseño de formas de gobierno, basadas en el conocimiento y la reflexión. Pero para los autócratas solo importa la inmediatez, gobernando sin una planeación basada en el pensamiento científico y humanístico. Esperemos que México pueda alejarse de ese mundo de la pseudoconcreción, para lo cual es necesario fortalecer los espacios para el diálogo y la libre discusión de las ideas, con quienes puedan realizar aportaciones a la transformación del país, lejos de discursos ideológicas, que el lo que halagaría a Ubú Rey.

 

¡Para mí es suficiente!

 

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Ismael Ledesma Mateos

Biólogo (UNAM), Maestro en Ciencias en Bioquímica (CINVESTAV), Doctor en Ciencias (UNAM), Premio a la mejor tesis doctoral en ciencias sociales en el área de historia por la Academia Mexicana de Ciencias (1999), Postdoctorado en el Centro de Sociología de la Innovación de la Escuela Nacional Superior de Minas de París, Francia. Director fundador de la Escuela de Biología de la UAP, Presidente de la Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología A.C (SMHCT) (2008-2014), profesor-investigador de la FES Iztacala de la UNAM.

Ismael Ledesma Mateos
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