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Gustavo Caponi: una breve semblanza y sobre cómo me enteré de sus libros

Gustavo Caponi: una breve semblanza y sobre cómo me enteré de sus libros

Mayo 07, 2021 / Por Alejandro Hernández Daniel

Portada: Gustavo Andrés Caponi profesor del Departamento de Filosofía de la Universidade Federal de Santa Catarina, Brasil. Cortesía de Gustavo Caponi

 

En el año 2013 comencé a trabajar como barman y ayudante de sommelier[1] en un restaurante suizo, hoy ya inexistente, ubicado en el municipio de San Andrés Cholula, Puebla; en parte para ganar mi propio sustento y, por otra, para poner en práctica lo que había aprendido en mis clases de alemán, que cursé tras obtener un apoyo económico del Consejo Nacional de Fomento Educativo al prestar servicio como Instructor Comunitario en un municipio alejado de la capital poblana. Y también poner en práctica el poco francés que recordaba mientras fui alumno activo de la entonces Escuela de Biología de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Cuando me percaté de que tenía algunos tiempos muertos dentro de mi servicio en el restaurante, comencé a llevar algunos libros de biología para leer. Uno de ellos fue una biografía del etólogo austriaco Konrad Lorenz. Su cubierta llamó la atención del gerente, que es originario del cantón suizo de Vaud. Me compartió que él, al igual que yo, había estudiado Biología, pero en la Universidad de Lausana, aunque nunca llegó a titularse. Esto construyó una amistad que actualmente continúa y que me permitió tomarme la libertad de asistir cada jueves, durante un semestre del año 2016, al taller de Profesionalización de la Biología que impartía el doctor Ismael Ledesma Mateos en la Facultad de Estudios Superiores de Iztacala de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) (véase: Ismael Ledesma Mateos, Ubú, “Historia de la ciencia: una vivencia personal”).

Durante ese semestre, salía temprano de mi casa en San Pedro Cholula para tomar el autobús intermedio hacia la Ciudad de México (en ese entonces el viaje de ida y vuelta costaba 240 pesos), abordar el metro en la estación de Zaragoza de la línea 1 para evitar las aglomeraciones de la estación de San Lázaro, transbordar en la línea 7 hasta la estación del Rosario, al norte de la Ciudad de México, y finalmente tomar un segundo autobús con dirección a los Reyes Iztacala, ya perteneciente al estado de México, donde se ubica la FES Iztacala (otros 30 pesos más de ida y vuelta del pasaje del metro y el autobús sin contar la comida). El tiempo requerido para recorrer aquella ruta de ida era, aproximadamente, tres horas y media.

Este largo trayecto evitaba que pudiera disponer de más tiempo para conocer un poco más de la capital, pues aún desconocía muchos medios y rutas alternativos de transporte, además de que corría el riesgo de ya no poder alcanzar el último autobús de regreso a Puebla que me dejara precisamente en Cholula. Por estas circunstancias, fue poco lo que pude llegar a visitar, apenas unas cuantas librerías, generalmente de la UNAM.

De inmediato noté que bastantes de aquellos títulos, en estas librerías, eran completamente desconocidos para mí y no recordaba haberlos visto en las estanterías del estado de Puebla. Poco a poco fui comprando algunos de ellos con lo que me quedaba de presupuesto (muchas veces me quedé sin comer, pero no me arrepiento aunque otras tantas veces sí). Un par de esos libros trataba sobre dos personajes clave en la historia de la biología, aunque en sentido estricto no se les puede considerar biólogos: Georges Cuvier: un fisiólogo de museo y Buffon (el nombre y título completo de este naturalista francés es Georges Luois Leclerc conde de Buffon), ambos escritos por el filósofo de la ciencia e investigador argentino Gustavo Caponi, quien actualmente se desempeña como profesor permanente del posgrado en filosofía de la Universidad Federal de Santa Catarina, en Brasil, especializado en Filosofía de la Ciencia y particularmente en Filosofía de la Biología —y además conoce personalmente a mi reciente buen amigo belo-horizontino,[2] el profesor Mauro Condé (véase: CTS, Una trayectoria: Filosofía e historia de la ciencia desde Brasil con Mauro Condé).

Gustavo Andrés Caponi es originario de Rosario, Argentina. Obtuvo su título de licenciado y profesor en Filosofía por la Universidad Nacional de Rosario. De acuerdo con una entrevista realizada al profesor Caponi y publicada en la revista Em Construção, de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro, su interés en la filosofía de la ciencia comenzó durante su primer año universitario, en 1979, al enterarse sobre las tesis de inducción y causalidad del filósofo escocés David Hume. Dos años después entró en contacto —por medio de cursos externos a su institución universitaria, impartidos por Gregorio Klimovsky, filósofo y matemático argentino— con la obra del filósofo austriaco Karl Raimund Popper (cuyas lecturas fueron su llave de entrada e interés hacia la filosofía de la biología), del matemático y filósofo húngaro Imre Lakatos y del físico estadounidense Thomas Samuel Kuhn. Además, el doctor Caponi también recibió en estos cursos externos las enseñanzas del filósofo Félix Gustavo Schuster, con quien estudió las tesis sobre la explicación científica del matemático, físico y filósofo alemán Carl Gustav Hempel.

El profesor Caponi comparte que, si bien la lectura de Popper le ha permitido darle una forma más o menos clara a los interrogantes sobre los cuales ha girado todo su trabajo filosófico, (no refiéndose exclusiva ni fundamentalmente a sus tesis más generales y conocidas), llega un punto en que algunos autores que pudieron haber estimulado y permitido el planteamiento de algunas preguntas, ya no otorgan u ofrecen los recursos para responderlas de manera posterior. Por eso decidió avanzar por cuenta y riesgo propio, abriendo el diálogo con muchos otros autores. Agrega que, si no lo hubiese hecho de esa manera, nunca habría sido un filósofo de la ciencia sino uno de esos tantos historiadores de la filosofía de la ciencia que suelen encontrarse en las instituciones latinoamericanas.

Al preguntarle ¿por qué decidió, al terminar su licenciatura en su país, continuar con su trayectoria académica en Brasil?, respondió que en aquellos años la situación era penosa, debido a que en Argentina no existían las condiciones para hacer cursos de posgrado adecuados, pues —de acuerdo con sus propias palabras—, la dictadura argentina y su régimen instalado en 1976 habían arrasado con las instituciones de educación superior que eran parte de su mira. Además que la represión desatada tenía objetivos muy claros, siendo los principales el desmonte del aparato productivo nacional y la anulación del movimiento obrero. Comparte que hacia 1984, las universidades, ya liberadas de la represión política e ideológica, padecieron presupuestos insostenibles y que nunca se ensayó una verdadera política de recuperación, por lo que empezar la vida académica en ese marco era muy desalentador. Y Brasil ofrecía oportunidades impensables en Argentina. Añade que Argentina es un país estúpidamente centralizado en su capital, Buenos Aires, e iniciar una carrera desde lo que suele llamarse (paternal o despectivamente) “el interior”, era asumirse como un “clase B”. Ante tales circunstancias, él y su esposa Sandra optaron por tomar la decisión de continuar sus carreras en el vecino país, lo cual considera que fue una buena idea.

En Brasil realizó su maestría y doctorado sobre trabajos de Karl Popper bajo la orientación del físico y filósofo belga Michel Gihns, aunque este cedió la orientación, durante el doctorado del profesor Caponi, al matemático inglés Michael Beaumont Wrigley, en el hoy ya extinto Programa de Lógica y Filosofía de la Ciencia, que estaba muy vinculado al Centro de Lógica y Epistemología (CLE) de la Universidade Estadual de Campinas (Unicamp), en el estado de São Paulo. Unicamp era —y es, de acuerdo con Gustavo— un centro de Historia de la Ciencia; y recuerda que en la época de su paso por aquella universidad, la biblioteca contaba con recursos para el estudio de la filosofía e historia de la ciencia que no tenían equivalente en Sudamérica.

Al concluir su doctorado y ante las imposibilidades e incertezas de la vida universitaria en su país natal, aunado a la necesidad de conseguir un trabajo después de la defensa del doctorado, la mejor perspectiva que se abrió para el profesor Caponi y su esposa fue la de la Universidade Federal de Santa Catarina (UFSC), en la ciudad de Florianópolis, gracias al contacto con el también argentino Alberto Cupani, quien desempeñó su carrera en el departamento de Filosofía de la UFSC. En esta institución les ofrecieron cargos de profesores visitantes para dar clases en un doctorado en enfermería, que acababa de crearse, aunque después de una angustiante espera para su final contratación.

Entre septiembre de 1999 y agosto de 2000 fue investigador visitante en el equipo Recherches épistémologiques et historiques sur les sciences exactes et les institutions scientifiques (REHSEIS), de la Universidad de Paris VII. Se trataba de un equipo o “núcleo” de investigaciones sobre todos los campos de la epistemología, la historia y la sociología de las ciencias, creado por físico, historiador y filósofo francés Michel Paty en 1983, quien mantuvo vínculos estrechos con la comunidad académica tanto brasileña como mexicana.

El profesor Caponi considera que su paso por el REHSEIS fue clave en su carrera, pues fue ahí donde participó en un seminario dirigido por el filósofo de la biología francés Jean Gayon, y se convenció de que debía (y podía) emprender una segunda línea de trabajo en Filosofía de la Biología dedicándose a estudios sobre Historia Epistemológica de la Biología. Además asistió a un curso sobre Auguste Comte dictado por el filósofo Dominique Lecourt, que tenía lugar en las torres de Paris VII, frente a Place Jussieu. También ahí conoció a los mexicanos Jorge Martínez Contreras, filósofo, a la socióloga María Luisa Barcalett Pérez y a los biólogos Carlos López Beltrán e Ismael Ledesma Mateos, mi maestro y amigo.

En 2004 el doctor Caponi regresaría a Francia a dictar clases como profesor visitante en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de Paris, invitado por el filósofo Gérard Jorland, y después, en 2007, por el filósofo Pierre Guenancia, a la Université de Bourgogne, donde volvería a coincidir con Jean Gayon, que asumió el cargo de director del Institut d´Histoire et de Philosophie des Sciences et des Techniques de esta institución. Pero esta vez el profesor Caponi regresaría como investigador visitante en 2011 y en 2018. También ha dictado clases en países latinoamericanos como la Universidad Nacional de Colombia, en 2004, en 2014 en la Universidad Autónoma Metropolitana de México (UAM- Cuajimalpa) y, de vuelta en Argentina, en la Facultad de Ciencias Exactas & Naturales de la Universidad de Buenos Aires, en 2017.

El profesor Caponi menciona, desde su punto de vista, que la filosofía de la ciencia se vuelve imprescindible en desarrollos científicos realmente ambiciosos e innovadores que exceden los trabajos típicamente rutinarios, pues la filosofía de la ciencia puede llevar a una importante reflexión epistemológica sobre métodos y conceptos que abonarían incluso a la historia de la ciencia y a la didáctica de la ciencia. Finalmente, ha publicado casi dos centenares de trabajos en libros colectivos y en revistas latinoamericanas y europeas. Es autor de otros libros como: La segunda agenda darwiniana: contribución preliminar a una historia del programa adaptacionista (2011), Função e desenho na biologia contemporânea (2012), Réquiem por el centauro: aproximación epistemológica a la Biología Evolucionaria del Desarrollo, Leyes sin causa y causas sin ley en la explicación biológica (2012); el libro colectivo Pensar la vida, organizado junto con María Luisa Bacarlett (2015); Filosofia, naturaleza y evolución. El darwinismo de Ameguino (2017); y Determinismo y organización: fundamentos y límites del programa de Claude Bernard (2018).

Esta colaboración agradece al doctor Gustavo Andrés Caponi por su disposición para responder mis preguntas sobre su trayectoria profesional. Asimismo, está dedicada a la memoria de las víctimas del fatal colapso de la línea 12 del sistema de transporte del metro de la Ciudad de México, así como a sus familias y amigos que pasan en este momento por un proceso de duelo y dolor. Originalmente no tenía planeado abordar demasiado sobre el trayecto que hacía desde mi municipio hasta la FES Iztacala. Sin embargo, no puedo evitar pensar que también fui y soy un usuario frecuente de este medio transporte como tantas otras personas más que lo utilizan para desplazarse diariamente. La diferencia es que, mientras me encontraba escribiendo estas líneas, otros más ya no pudieron volver con vida a su hogar. QEPD.

 

 

 

[1] Persona encargada del servicio de licores y vinos en un restaurante y que recomienda generalmente un buen maridaje, es decir, qué vino acompaña mejor cierto platillo o comida.

[2] Gentilicio de los habitantes de la ciudad brasileña de Belo Horizonte que pertenece al estado de Minas Gerais.

Alejandro Hernández Daniel

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