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¿Qué es el carbono y por qué es de colores?

¿Qué es el carbono y por qué es de colores?

Julio 20, 2021 / Por SiuLing Cinco Castro

Todos hemos escuchado en algún momento hablar del carbono. Ahora por todas partes encontramos esa palabra, sobre todo si se trata de temas relacionados con el cambio climático. El carbono es un elemento químico (sí, aparece en un lugar de la tabla periódica de los elementos, ésa que nos hicieron aprender de memoria en alguna parte de nuestra vida estudiantil). Su símbolo es C, tiene el número atómico 6 y se puede combinar con otros elementos. ¿Cómo podemos imaginar que algo tan intangible para nosotros pueda tener un color para identificarlo?

Empecemos por decir que el carbono se encuentra en casi cualquier parte y puede ser orgánico, como principal componente de los compuestos biológicos, o inorgánico. El carbono se transforma y pasa por diferentes procesos dentro de su ciclo biogeoquímico, el cual, junto con el nitrógeno y el agua, sostienen la vida en el planeta.

El carbono se almacena en plantas y animales (vivos y muertos) y en el suelo. Para que esto ocurra, las plantas y otros microorganismos captan el dióxido de carbono (CO2), se quedan con el carbono y liberan el oxígeno mediante el proceso de la fotosíntesis. Según Chapin y colaboradores (2006), el carbono que se obtiene de esta manera puede ser usado en los procesos para la vida o almacenado en sus estructuras como ramas, hojas, troncos y raíces.

Prentice y colaboradores (2001) mencionan que el ciclo del carbono se puede ver afectado por diferentes situaciones como los cambios en las concentraciones de dióxido de carbono, la influencia del cambio climático, la pérdida de vegetación y las emisiones derivadas de nuestras actividades cotidianas.

Debido a que el carbono juega un papel importante en la dinámica del cambio climático, en los últimos años ha recibido mayor atención y se ha desarrollado una diversidad de programas enfocados en el estudio de los almacenes, flujos y emisiones de carbono.

Los colores del carbono tienen que ver principalmente con su relación con la naturaleza. En este sentido, todos los procesos relacionados con el carbono que ocurren en los ecosistemas terrestres se conocen como carbono verde. Al respecto, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) propone que los bosques del mundo tienen almacenado en el suelo el doble de carbono que en la vegetación; mientras que Lal (2002) menciona que los suelos de los bosques tropicales tienen el 32% del carbono terrestre a nivel mundial. Sin embargo, estas proporciones están en constante cambio, sobre todo si se considera la deforestación como uno de los principales factores que intervienen en el balance global de carbono.

Por otro lado, el carbono azul hace referencia a la parte del ciclo del carbono que se lleva a cabo en los ecosistemas costeros, entre los que se encuentran los manglares, los pastos marinos y marismas. A pesar de ocupar solo el 0.05% de la vegetación en el planeta, almacenan en sus estructuras y en el suelo el doble o hasta el triple de carbono que los ecosistemas terrestres. Los manglares, por ejemplo, de acuerdo con Donato y colaboradores (2011), pueden almacenar de 1,023 hasta 1,520 toneladas de carbono por hectárea. Una ventaja adicional es que los ecosistemas costeros tienen la capacidad de retener el carbono por mucho tiempo, lo que impide que tenga influencia negativa en el cambio climático.

Por último, cuando el carbono se combina con hidrógeno da origen a los diferentes hidrocarburos y sus derivados. El carbono negro se produce precisamente cuando estos hidrocarburos son sometidos a una quema incompleta. El carbono negro representa todo aquel carbono que es emitido a la atmósfera derivado de las actividades humanas, como el uso de diésel, combustóleo y la quema de leña. Se ha estimado que, en México, cada persona emite a la atmósfera 3.75 toneladas de dióxido de carbono al año. Sabemos que, al enviar más carbono a la atmósfera, la dinámica del ciclo cambia y se refleja en el cambio climático, pero esto se ve agravado porque con la quema de combustibles disminuimos la calidad del aire, con sus consecuentes efectos sobre la salud.

Esta serie de problemas son ocasionados porque estamos emitiendo a la atmósfera más carbono del que los ecosistemas terrestres y costeros pueden capturar y almacenar normalmente; además de que estamos perdiendo cobertura de vegetación en todos los ecosistemas, principalmente por deforestación y cambio de uso del suelo. Esto se traduce en una disminución de la capacidad de los ecosistemas para captar carbono y en la emisión misma del carbono almacenado en esa vegetación.

Sin embargo, no todo es negativo, porque conociendo la influencia que tienen el carbono azul y verde en un medio ambiente sano, el Gobierno de México ha realizado compromisos para la conservación, restauración y aprovechamiento de la naturaleza y de los beneficios que nos proporciona; y se pretende que no haya deforestación, que se mejoren las políticas ambientales, que se aumente y mejore la conectividad entre ecosistemas y que se incrementen los almacenes de carbono.

En conclusión, el color del carbono no es algo que podamos ver a simple vista, es más bien una connotación dada para identificarlo en cada parte de su ciclo en la atmósfera y depende de dónde provenga y dónde se almacene; y en este sentido, vale la pena destacar que tenemos a los ecosistemas terrestres y costeros trabajando a nuestro favor, sobre todo si conservamos y restauramos para que sigan captando, almacenando y reduciendo el carbono de la atmósfera. El gran contraste se encuentra en que también estamos emitiendo carbono con la mayoría de nuestras actividades diarias. A este respecto, el balance general debería ser más carbono verde, más carbono azul y, por mucho, menos carbono negro. Entonces, ¿Cuál es tu color?

 

 

SiuLing Cinco Castro

Bióloga de formación con posgrado en ciencias marinas, apasionada de los manglares y de los beneficios que proporcionan. Eterna aprendiz de la vida. Única, como todos los demás. Desde hace 12 años ha participado en proyectos de investigación sobre ecología de ecosistemas costeros, tanto en instituciones como asociaciones civiles. Ha realizado publicaciones relacionadas con vulnerabilidad y servicios ambientales. Es divulgadora científica en formación.

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