Káos

Ernesto Guevara: los síntomas de un médico guerrillero

Ernesto Guevara: los síntomas de un médico guerrillero

Junio 22, 2021 / Por Antonio Bello Quiroz

“Me estremeció la mujer

del poeta, el caudillo

siempre a la sombra y llenando

un espacio vital”.

Silvio Rodríguez

 

“...la mujer para el hombre es un síntoma, el

hombre para la mujer un estrago”.

Jacques Lacan

 

 

Sin duda, son pocos los personajes de la historia que podrían ocupar el lugar de icono de una época que abarca desde la segunda mitad del siglo XX y lo que va del siglo XXI, como ocurre con el médico argentino Ernesto “Che” Guevara de la Serna. Resulta icónica la imagen de Alberto Díaz (Korda) donde el guerrillero, con boina negra, se encuentra mirando al infinito. La mejor de las réplicas de Simón Bolivar. Sin duda alguna, la admiración para el Che, ha venido del lado femenino de la humanidad.

Ateniéndonos a lo que el psicoanalista francés Jacques Lacan pronunciaba en el Seminario 18, De un discurso que no fuera semblante: “Para tener la verdad de un hombre, conviene saber cuál es su mujer, por supuesto llegado el caso, su esposa; y por qué no: es el único lugar donde eso puede tener un sentido, lo que alguien llamó el pesa-persona. Para sopesar a una persona, cuando se trata de un hombre, nada mejor que sopesar a su mujer”, para sopesar al hombre Ernesto Guevara valdría sopesar el vínculo que mantuvo con sus mujeres. Y decir “sus mujeres” es un exceso, casi poético.

Aunque sabemos que el Che se casa sólo dos ocasiones (con Hilda Gadea, en Tepotzotlan, México, y con Aleida March Torres, en la Habana, Cuba), su vida amorosa empieza muy temprano, a los 15 años, cuando se enamora de su prima la Negrita, Carmen Córdoba de la Serna. Más tarde, ya en plena juventud, se enamora de María del Carmen Chichina Ferreyra, a quien conoce en el liceo y frecuenta hasta su ingreso a la escuela de medicina. Podríamos decir que se trata de amores idealizados, como muchos otros ideales que moverán al combatiente. Su amor es de una poderosa intensidad, así como poderosa es la negativa de la familia a dar consentimiento a la relación. Ella pertenece a una familia de terratenientes en Argentina, la condición de él es precaria. Ernesto en esa época es conocido con el apodo de El Chancho, dado su aspecto siempre sucio. Vestía una camisa que lavaba una vez por semana: la llamaba “La semanera”. Sólo tenía, para impresionar a la familia de Chichina, su elocuencia cuando hablaba de literatura, filosofía, medicina, etcétera.

Esta relación con Chichina está marcada por lo que se conoce como un “acto de amor”, en el cual un hombre apuesta a estrechar un cuerpo Otro, y sin embargo queda sólo con su inconsciente; este acto de amor es lo que le da a la relación con María del Carmen Ferreyra carácter de síntoma. Veamos: en 1951 Ernesto Guevara le propone no sólo matrimonio sino que se vaya con él en una aventura por América del Sur. Ella, por presión de los padres le dice que no. Más tarde, ella le mandará una carta al amoroso combatiente donde da por terminada la relación. Ernesto queda sumamente conmocionado. Quizá lo que el Che le propuso provocó que ella manifestara una cualidad de lo femenino consignada por Freud al señalar que “algo de la feminidad sería rebelde a la sublimación de la cultura”. Ernesto no ceja y en 1952 le vuelve a pedir matrimonio; nuevamente es rechazado.

Le siguen otras aventuras amorosas en sus recorridos en motocicleta por Sudamérica. Conoce, por ejemplo, a Zoraida Boluarte en Perú, asistente médico en un leprosario.

En 1953, durante un viaje a Guatemala, conoce a Hilda Gadea, de origen peruano, bajita, de rasgos indígenas, tez morena, quien será su primera esposa. Los une la militancia y el gusto por la literatura, en particular por la poesía de León Felipe. Ella pone a Ernesto Guevara en contacto con la intelectualidad cubana que planea el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista en la Isla. Un año después, la joven Hilda es detenida e interrogada para saber el paradero del médico argentino llamado Ernesto Guevara; ella no lo delatará. Él se encuentra exiliado en la embajada de su país. Es ya un amor en combate. Ese año él le pedirá matrimonio; ella, consciente de las dificultades políticas y de seguridad por las que atraviesan, pospone la respuesta. Ella es deportada de Guatemala y el Che la espera en el Distrito Federal, en México; ahí le pedirá matrimonio por segunda vez y, por segunda vez, Aleida le dirá que aún no está lista. Él se molesta y decide terminar la relación. Más tarde hay una reconciliación y por fin se casan el 18 de marzo de 1955 en Tepotzotlán. El motivo, según se cuenta, que hizo que Hilda aceptara es que se encontraba embarazada.

El nacimiento de su hija Hilda Beatriz matiza un poco la relación entre ambos. El Che la sigue amando pero el deseo de aventura es más fuerte. Ante esto, vale preguntarse si el Che podía amar, en el sentido en que el psicoanálisis se refiere al amor. Sin duda algunos saben provocar el amor en el otro, hacerse amar, pero para amar hay que confesar su falta y reconocer que se necesita al otro, que el otro hace falta.

En este caso, Hilda, una vez “tenida” no hace falta. ¿Qué provoca ella en el Che? Su huida, su búsqueda de otros espacios, otros vínculos. Ernesto termina la relación; Hilda piensa que su relación se reconstruirá. Los papeles se han invertido. Es en este sentido que se puede decir que la mujer hace al hombre, es decir, el fracaso amoroso con Hilda lleva al Che a nuevas aventuras: lo hace combatiente.

La expedición a Cuba se planea, y eso ocupa todo el tiempo del Che. Durante la llegada conoce a Zoila Rodríguez, una hermosa campesina, mulata, que le enseña los secretos de las plantas medicinales. Ella se muda a una pequeña casita donde vive Ernesto Guevara. La relación dura pocos meses.

Una casualidad hace que el Che conociera a su segunda esposa en 1958, se trata de Aleida March Torres, quien para entonces tenía 22 años y era también guerrillera. Actuaba de manera clandestina en Santa Clara; ahí conoce al ya reconocido Comandante Guevara. Se trata de un amor de combate: ella era muy valiente, hermosa, y pasa a formar parte de la escolta del Che. Se trata de un amor entre compañeros de lucha, un amor extraordinario, como quiere el poeta Roque Daltón.

Jacques Lacan, en la clase del 21 de enero de 1975 se llega a preguntar: “… para quien está estorbado por el falo, ¿qué es una mujer? Es un síntoma”. Y más adelante va a puntualizar: “Verán allí que una mujer en la vida de un hombre es algo en lo que él cree.” Sabemos que si algo es Aleida para Ernesto Che Guevara es una mujer en la que cree, en la que confía plenamente. Ella se vuelve su sombra literalmente, lo acompaña en todo momento, se torna celosa de todos aquellos y aquellas que conocieron al guerrillero antes que ella. Juntos entran en La Habana el día de la victoria. Se vuelve la “Una-mujer” para él, según la expresión que nos enseña a pensar Lacan.

Aleida March Torres se convierte formalmente en su esposa, y con ella engendrará cuatro hijos. Pero su vínculo con las mujeres no queda ahí. Más tarde establece relación con Lidia Rosa López, aún casado. De esa relación tiene también un hijo. Tiempo después, en un viaje a Praga surge una relación amorosa con Tamara Bunke, Tania. Ella se vuelve su traductora en esa gira.

Ernesto Guevara de la Serna, conocido como el Che, murió el 9 de octubre en La Higuera, Bolivia. Sus batallas no sólo fueron por la Revolución en diversos países, también se enfrentó con sus síntomas: las mujeres.

 

Antonio Bello Quiroz

Psicoanalista. Miembro fundador de la Escuela de la Letra Psicoanalítica. Miembro fundador de la Fundación Social del Psicoanálisis. Ha sido Director fundador de la Maestría en Psicoanálisis y Cultura de la Escuela Libre de Psicología. Ha sido Director de la Revista *Erinias*. Es autor de los libros *Ficciones sobre la muerte*; *Pasionario: ensayos sobre el crimen* y *Resonancias del deseo*. Es docente invitado de diversas universidades del país y atiende clínica en práctica privada en Puebla.

Antonio Bello Quiroz
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