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Carlos Ochoa: biólogo, Gould, evolución y divulgación

Carlos Ochoa: biólogo, Gould, evolución y divulgación

Junio 25, 2021 / Por Alejandro Hernández Daniel

Portada: Profesor Carlos Ochoa Olmos. Cortesía del entrevistado

 

Carlos Alberto Ochoa Olmos es biólogo por la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestro en Ciencias Biológicas por la Facultad de Ciencias (UNAM). Obtuvo su doctorado en el Instituto de Investigaciones Filosóficas (UNAM) y realizó una estancia posdoctoral en el Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva en la Universidad de Valencia, en España. Ha impartido las asignaturas de Filosofía e Historia de la Biología y Evolución en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Se ha especializado en el desarrollo del pensamiento evolutivo, además de fomentar el interés y la enseñanza de la disciplina de la Biología Evolutiva del Desarrollo, conocida popularmente como Evo-Devo. Otra de las actividades a las que se ha dedicado, además de la investigación y la docencia, es la divulgación de la ciencia a través de su popular página de Facebook y personaje, ambos bajo el nombre de Evo-Devo.[1]

 

—¿Por qué decidiste estudiar biología?

—Desde pequeño me llamó la atención la historia natural. Gustaba de admirar a los animales, sobretodo los prehistóricos. Recuerdo que a la edad de nueve años vi un documental sobre dinosaurios y a partir de ahí quise estudiar paleontología o algo relacionado. Poco a poco captó mi interés la evolución y el concepto de selección natural de Charles Darwin, aunque en ese entonces sólo tenía algunas ideas dispersas, pues no las entendía a profundidad. Fue así que decidí estudiar biología para llegar a ser paleontólogo, a pesar de que todo mundo me decía que me iba a morir de hambre. En la universidad seguía con entusiasmo los programas de Discovery Channel, en especial Mundo Paleolítico, las materias que tenían que ver con zoología, es decir, conocer los taxones y las estructuras de los animales, trabajar y salir a campo, a la vez que me hice amigo de un profesor paleontólogo llamado Roberto Rico Montiel, que impartía la materia de paleontología y evolución, con quien discutía, entre otras cosas, sobre personajes como Charles Darwin y Richard Owen.

Otro profesor que recuerdo y con quien también aprendí y conversé mucho de temas de historia y evolución fue Jorge Ricardo Gersenowies Rodríguez, quien hace anatomía comparada. Recuerdo también a profesores como Arnulfo Reyes Mata y José Mario Miranda Herrera, que impartían geobiología. Con ellos tomé optativas relacionadas a la paleontología y la evolución. Por un tiempo, también estudié con el maestro René Hernández Rivera, quien es un reconocido experto de dinosaurios en México, pero encontré que se dedicaba más al trabajo descriptivo, por lo que cada vez me fui inclinando más a estudiar sobre evolución. De hecho, ya no me dediqué a la paleontología.

—Tengo entendido que eres un admirador del paleontólogo evolutivo, divulgador e historiador de la ciencia de la Universidad de Harvard, Stephen Jay Gould ¿Cómo llegaste a conocer su obra?

—Gould me influyó de manera profunda. Lo tomé como un héroe, guía y ejemplo personal a seguir.[2] Supe por primera vez acerca de sus libros en una etapa temprana de la carrera. Con el poco dinero que recibía de mis padres, en lugar de comprarme lujos o ropa, ahorraba para poder adquirir sus libros. Poseo casi toda su colección. Dos de los que considero referentes son La vida maravillosa que es el libro más bonito que leído en toda mi vida y La estructura de la teoría de la evolución que es un libro base para la carrera de biología y la comprensión de la teoría evolutiva darwiniana. De hecho, llegué a saber que Gould vino a México en el año 2000, aunque desafortunadamente, no me enteré de su visita para poder ir a conocerlo. Tuvo un gran impacto y sentí un gran vacío al enterarme que poco después, él falleciera, pues lo considero mi mentor indirecto.

—¿Puedes compartir sobre qué trató tu tesis de licenciatura?

—Cuando hice mi tesis, elegí un tema y un título un tanto extraños. Se llamó “Perspectiva histórica de la pluralidad de los mundos y el debate de la inteligencia extraterrestre en el siglo XX”, que estaba dividida en dos partes. En la primera tiene lugar una discusión sobre el antiguo debate de los alienígenas donde retomo a personajes como Galileo o Kepler y cómo ellos, al ir descubriendo el universo (implicando una visión copernicana de si había otros mundos), discutían sobre la posibilidad de que pudiera haber otros organismos parecidos a los terrestres. Más adelante, escribo sobre cómo influyó la visión de los primeros evolucionistas sobre este aspecto. La segunda parte es sobre una perspectiva moderna donde se representa el debate sobre la existencia de vida inteligente en otros planetas. En una parte de la tesis trato, por ejemplo, el debate entre el biólogo evolucionista Ernst Mayr y el físico Carl Sagan. Me divertí mucho haciendo esa tesis, que en realidad tenía la intención de hacerla como si fuera un libro. Uno de los objetivos en ese momento era encontrar a alguien que me apoyara con mi tesis y fue así que entré en contacto por primera vez con la doctora Ana Barahona, de la Facultad de Ciencias, quien me asesoró.

—¿Cómo fue tu paso de la licenciatura a la maestría y de la FES Iztacala a la Facultad de Ciencias?

—Para mi tesis de licenciatura tenía la opción de quedarme en Iztacala con el doctor Ismael Ledesma Mateos, quien me dio Historia de la Biología en el segundo semestre y es uno de los profesores que más admiro, pero una de las cosas que él me dijo fue que “si quería hacer algo, tenía que salir de ese pequeño mundo de Iztacala”. Es así que, ya conociendo a la doctora Barahona y que ella hacia cosas de evolución relacionadas con la historia, decidí poner marcha a realizar mi licenciatura en la Facultad de Ciencias en Ciudad Universitaria.

Mi trabajo y tesis en la maestría tuvo como modelo, en parte, el debate que había armado entre personajes históricos en mi tesis de licenciatura, pero ahora aplicado a temas sobre la forma y la función de los organismos, aunado a un interés en conceptos como la convergencia evolutiva[3] y la homología,[4] que son importantes en anatomía comparada.

En 2007 tuvo lugar un congreso organizado por la International Society for the History, Philosophy and Social Studies of Biology en Exeter, Inglaterra, a la que pude asistir, pasando también unos días en Londres y visitando el Museo de Historia Natural de aquella ciudad. Ese momento me ayudó a entender el pensamiento evolutivo desde otro punto de vista, además de que la gente de allí tuvo la amabilidad de proporcionarme y dar acceso a materiales antiguos originales e inéditos que se convirtieron eventualmente en mi tesis de maestría y en mi libro Forma versus Función.[5]

Al volver a México, inicié mi doctorado y comencé a investigar y leer sobre homologías desde el punto de vista moderno, así como de conceptos en evolución no tradicionales, enterrados, olvidados o desacreditados en su momento. En ese instante conseguí asistir a otro congreso en Argentina, en el año 2010, que fue significativo también en cierta medida para mí, donde conocí los zoológicos y museos de La Plata y Buenos Aires. Ahí pude saber sobre los organismos y fósiles que había visto Charles Darwin durante su famoso viaje sudamericano. La tesis de mi doctorado puede encontrarse en partes de los libros El Jano de la morfología[6] y El eclipse del antidarwinismo.[7]

—¿Qué ocurrió durante tu estancia de posdoctorado en Valencia?

—Antes de irme a España, yo me identificaba como un darwinista convencido, es decir que consideraba que la selección natural era el principal mecanismo evolutivo. Hasta que leí por cuenta propia el libro The Material Basis of Evolution,[8] del zoólogo alemán estudioso de genética y embriología, Richard Benedict Goldschmidt. Había leído sobre Goldschmidt a través de Gould y otras historias en que había sido tachado como un científico ocurrente y poco serio a tener en cuenta por algunos arquitectos de la Síntesis Evolutiva, como Ernst Mayr y Theodosius Dobzhansky. En algún momento yo era un convencido de que tal vez sus argumentos estuvieran equivocados; sin embargo me parecieron coherentes, aunque contradictorios con los planteamientos tradicionales del darwinismo. Al regresar de nueva cuenta a México, me sentí diferente: estaba convertido al lado oscuro de la biología, era ya un antidarwinista. Esto quiere decir que, a pesar de que la idea de selección natural propuesta por Charles Darwin es importante para el pensamiento evolutivo, no es la única ni exclusiva, pues existen otros fenómenos biológicos relevantes, como por ejemplo aquellos asociados con procesos del desarrollo embrionario y que están íntimamente ligadas a la disciplina actual de la Biología Evolutiva del Desarrollo. Además de considerarme influido también por las ideas de mis tutores en Valencia, Diego Rasskin-Gutman, y el paleontólogo Miquel De Renzi.

—Al acercarte a la Biología Evolutiva del Desarrollo, ¿a tu regreso a México mantuviste contacto con alguno de los investigadores experimentales que se dedican a esta disciplina?

—No, siempre he estado y trabajado por separado de las personas que lo hacen de manera experimental. Pienso que son muy prácticos, y con quienes se dedican a ella de manera teórica, mantengo un discurso independiente de ellos, tal vez debido a mi propio entrenamiento personal. Es curioso porque durante la licenciatura tuve mi primer acercameinto a la Biología del Desarrollo en tercer semestre, pero eran aprendizajes más bien descriptivos, pues se trataba de aprenderse las fases y distintas capas embrionarias, etcétera. En ese momento no me preocupaban los fenómenos ligados a la embriología, pues era un darwinista convencido que no advertía estas cosas.

—¿Cómo surgió la idea de tu personaje Evo-Devo?

—Desde la universidad me gustaba hacer animaciones o dibujos para mis compañeros, para hacerlos reír y entretenerlos. Cuando hice las presentaciones de mis tesis de licenciatura y de maestría utilicé chistes, personajes de caricaturas para que quien asistiera pudiera entender y no aburrirse al tratarse de temas de historia y filosofía de la ciencia, aunque fui advertido por mi comité de no volver a hacer algo así o si no me reprobarían. Sin embargo, la reacción y recepción de la gente que asistió fue positiva. La idea fue hacer la ciencia un poco más divertida y entretenida, utilizando un lenguaje más accesible y no tan técnico, para que todos pudieran entender. El icónico personaje de la mosca fue basada en el personaje del Chapulín Colorado, a pesar de que no me considero un seguidor de los personajes de Roberto Gómez Bolaños. Pero Evo-Devo representa el concepto del Monstruo Esperanzado, que evoca a Richard Goldschmidt y por lo que fue vilipendiado,[9] en lugar de las antenas del Chapulín, puse unas patas en lugar de las antenas de una mosca. Después el personaje formó parte de una campaña de publicidad de uno de mis libros y decidí en algún momento llevarlo a la vida real, llegando a confeccionar un traje y una máscara. Aunque, por otra parte, recibí críticas tanto de profesores y alumnos al realizar actividades divertidas relacionadas con divulgación, pero Evo-Devo afortunadamente se presta para ello. Una situación que quizá lamento un poco es que se me asocie más como divulgador o con el personaje de Evo-Devo, que con mi labor o aporte como científico e investigador.

 

 

[1] La disciplina de la Biología Evolutiva del Desarrollo es conocida popularmente por la abreviación Evo-Devo, que significa Evolutionary Developmental Biology. Como punto de aclaración, una es la disciplina científica y las otras dos son la página de Facebook de divulgación científica de Carlos Ochoa y un personaje ficticio que llevan el mismo nombre, en alusión a la disciplina.

[2] Véase Gould, Obra esencial, editorial Crítica, 2004, para una selección de su obra divulgativa y bibliografía completa.

[3] Convergencia: Evolución independiente de estructuras similares debido a la influencia del medio ambiente o a la función interna de linajes separados. Como por ejemplo, los ojos de los moluscos (invertebrados) y los ojos de los vertebrados.

[4] Homología: Estructuras conservadas durante la historia evolutiva de los individuos que reflejan un armazón aparentemente sin cambio, pero que permiten cierta variación. La mano de un ser humano, la aleta de un delfín y el ala de un murciélago (todos mamíferos) son algunos ejemplos.

[5] Ana Barahona y Carlos Ochoa, Forma versus Función. Historia de la homología y la analogía, Universidad Nacional Autónoma de México, 2009.

[6] Ana Barahona y Carlos Ochoa, El Jano de la morfología. De la homología a la homoplasia, historia, debates y evolución, Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano, 2014.

[7] Carlos Ochoa, El Eclipse del Antidarwinismo. La historia detrás de la síntesis moderna, Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano, 2017.

[8] Richard Benedict Goldschmidt, The Material Basis of Evolution, New Haven, Yale, 1940.

[9] Véase el ensayo “El regreso del monstruo esperanzador” en Stephen Jay Gould, El pulgar del panda, editorial Crítica, 2006.

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