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Laura Nuño de la Rosa: de Alicante a París y de la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Biología

Laura Nuño de la Rosa: de Alicante a París y de la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Biología

Enero 14, 2022 / Por Alejandro Hernández Daniel

Portada: Dra. Laura Nuño de la Rosa García profesora del Departamento de Lógica y Filosofía Teorética en la Universidad Complutense de Madrid.

 

 

(Primera Parte)

 

Durante los meses de julio a noviembre de 2021 tuvo lugar un ciclo de charlas sobre Filosofía Contemporánea de la Biología bajo el patrocinio de la Sociedad de Biología de Chile, la Facultad de Ciencias y el Departamento de Ciencias Ecológicas de la Universidad de Chile, del cual tuve conocimiento gracias a una publicación del filósofo argentino Gustavo Caponi (véase: CTS: Gustavo Caponi: una breve semblanza y sobre cómo me enteré de sus libros). Una de las ponentes fue la Dra. Laura Nuño de la Rosa cuya participación se tituló “Filosofía de la Evo-Devo”,[1] por lo cual, decidí enviarle una solicitud de entrevista para preguntarle sobre los comienzos de su trayectoria profesional.

Laura Nuño de la Rosa es una filósofa de la biología española, originaria de la ciudad portuaria de Alicante, que se especializa en historia y filosofía de la Biología así como en la Filosofía de las disciplinas de Biología del Desarrollo y Evo-Devo. Graduada en Humanidades en 2010 por la Universidad de su ciudad natal, obtuvo posteriormente (en 2009) una Maestría en Biofísica por la Universidad Autónoma de Madrid. En 2012 consiguió su Doctorado sobre el problema de la forma orgánica en biología contemporánea, en la Universidad Complutense de Madrid, en conjunto con la Universidad Paris 1-Sorbonne.

Posteriormente se unió al Instituto Konrad Lorenz, en Kloserneuburg, Austria, como investigadora de posdoctorado y colaboró como profesora en la Universidad de Viena. En 2014 fue contratada como editora científica por la editorial Springer para coordinar, junto con Gerd B. Müller, la redacción de una enciclopedia sobre Evo-Devo, además de participar como editora o revisora en catorce revistas internacionales.

Entre 2015 y 2018, consiguió el apoyo Juan de la Cierva para trabajar en el grupo de investigación IAS de la Universidad del País Vasco. En 2018 se unió al Departamento de Lógica y Filosofía Teórica en la Universidad Complutense de Madrid, primero como investigadora posdoctoral en la Universidad Complutense de Madrid y desde Abril del 2019 obtuvo un nuevo convenio como investigadora posdoctoral Juan de la Cierva. Sus intereses actuales combinan investigaciones sobre la historia reciente de la biología evolutiva con el estudio de temas epistemológicos y ontológicos de biología contemporánea, así como las implicaciones sociales de las biociencias, incluyendo la biología sintética, teorías de la reproducción, así como estudios recientes sobre la pandemia COVID-19.

 

—¿Cómo surgió tu interés por la filosofía?

—Surgió en realidad de mi interés por todas las materias, es decir, nunca me sentí cómoda con la división disciplinaria entre ciencias y letras. Desde la secundaria me pensé estudiar biología, de hecho hice el bachillerato en ciencias pensando en principio en dedicarme a estudiarla. Mi interés por la biología es previo a la filosofía, pero pronto abandoné esa decisión y aposté finalmente por hacer humanidades para huir de la especialización. En uno de los cursos del bachillerato tuve una profesora de filosofía a la que le interesaba especialmente la filosofía de la ciencia; en realidad era filosofía de la naturaleza porque lo que se daba entonces era filosofía clásica, es decir, Aristóteles y Platón.

Desde entonces, entendí que la filosofía era la mejor vía para poder reflexionar sobre todas las cosas, es una herramienta de pensamiento transversal que pienso hoy en día es la única opción de trascender la división disciplinaria entre ciencias y letras, y por eso terminé por especializarme en filosofía de la ciencia, porque desde ahí podía asomarme a todas las ciencias humanas y naturales y ver las problemáticas comunes a todas las disciplinas. Eso fue siempre lo que me interesó.

—¿Cómo fue el momento de elegir estudiar la licenciatura en Filosofía?

—Mi licenciatura no fue en filosofía, sino que estudié humanidades. Esto lo elegí desde el principio porque no tuve otro remedio, no existía en Alicante la licenciatura en filosofía. Consideré en aquel momento dos ciudades a las que me tenía que ir a vivir, pero aquello no me lo podía permitir económicamente. Entonces me quedé en el lugar más próximo a la filosofía, que eran las humanidades. Era una licenciatura larga de cinco años, la clásica filosofía y letras donde te asomas también a todas las disciplinas humanísticas, como la historia o la filología. Después pasé un año en Barcelona gracias a una beca llamada Séneca, donde sí que cursé asignaturas de filosofía.

Con esa beca, que fue en iniciación a la investigación, trabajé con Fernando Miguel Pérez Herranz[2] sobre las ciencias de la complejidad, que tuve en el último curso de licenciatura. Luego en mi tesis de lo que ustedes llaman Maestría, en México. Fue sobre un trabajo más histórico, sobre el concepto de forma orgánica.

Mi interés en filosofía y filosofía de la ciencia persistió, debido a que considero que son ese puente entre disciplinas humanísticas y científicas; entonces estuve observando programas de doctorado en el estado español sobre ciencia y filosofía, y tenía dos alternativas: irme a Madrid, a hacer el programa de doctorado en ciencia y filosofía, o irme a la ciudad de San Sebastián, en el País Vasco, donde había otro grupo muy activo dirigido por Álvaro Julián Moreno Bergareche[3] y que también había considerado ir allí. Eran los dos grupos más potentes en filosofía de la ciencia en España, o al menos que yo percibía como de más peso. Finalmente me decidí por Madrid, porque era más práctico para mí: estaba más cerca de mi ciudad natal, podía trabajar hasta que encontrara financiamiento para hacer una tesis doctoral, que de hecho terminó por ser financiada por la propia Universidad Complutense de Madrid, lo cual me pareció la solución más sencilla y pragmática, y no al País Vasco, que estaba más lejos y tenía menos posibilidades de ganarme la vida allí mientras hacía el doctorado.

—¿Cómo se dio tu vuelta a la biología, ahora como filósofa?

—Mi interés por la biología en concreto volvió después, porque ya estaba interesada en cuestiones de justificación de epistemología de las ciencias sociales, y entonces empecé a ver problemáticas paralelas. Cuando empecé a hacer el doctorado, estaba muy de moda la discusión sobre las ciencias de la complejidad y las metáforas o relaciones analógicas entre debates políticos y debates de las ciencias biológicas. A partir del tema de las ciencias de la complejidad, me empecé a interesar en el organismo como metáfora de la sociedad, lo que me sirvió como tema de aproximación y, ya una vez en los cursos de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid sobre ciencia y filosofía, conocí a José Luis González Recio,[4] un historiador de la biología que falleció hace pocos años. Hacía historia y filosofía de la biología en la Complutense y yo había leído sus artículos antes de entrar al doctorado, lo que me entusiasmó. Entonces empecé a estudiar historia y filosofía de la biología e inicié mi tesis sobre el problema de la forma orgánica.

—¿Cómo se dio el contacto con la Universidad de París-1?

—Fui allí a una estancia de investigación para conocer a Jean Gayon, de quien yo había leído que trabajó sobre el problema de la forma orgánica. En París existe el Institut d´Histoire et de Philosophie des Sciences et des Techniques, (IHPST), del que él llegó a ser director y que en Europa es tal vez el grupo más de grande de historia y filosofía de las ciencias biológicas. Además, en aquel entonces la parte de historia y filosofía de la biología estaba dirigida por Jean Gayon, quien acabó convirtiéndose en mi codirector de tesis, que terminé de realizarla en cotutela con la Universidad de París.

Gayon era un darwinista que venía de la escuela clásica. Yo quería también formarme en el enfoque clásico, pues personalmente solía tener una perspectiva más crítica muy centrada en las teorías alternativas a la teoría de la síntesis moderna, pero digamos que quería “conocer bien al enemigo”, quería conocer bien los fundamentos históricos y teóricos de la escuela dominante y para eso no había mejor figura en Europa que Jean Gayon, que los conocía muy bien.

Sabía que él iba a asegurar que mi visión crítica no fuera, por así decirlo, el “construir un hombre de paja” y empecé a colaborar con él durante esa estancia y le interesó mucho el tema de mi tesis, por lo que ofreció codirigirla. Así que firmamos un convenio de colaboración y cotutela, por lo que volví a visitar París, puesto que el convenio exigía una estancia prolongada en el país en donde se realizaría la tesis. Durante ese tiempo conocí a muchos otros investigadores como Philippe Huneman[5] o Francesca Merlín,[6] que en aquel entonces estaba haciendo la tesis como yo, es decir, aprendí mucho de la escuela francesa sobre historia y filosofía de la biología.

En resumen, puedo decir que mi tesis doctoral se centró ya en los debates contemporáneos y se llama “El problema de la forma orgánica. La biología contemporánea, un examen filosófico”. Es decir, que mi tesis de maestría es más histórica y mi tesis de doctorado es más filosófica sobre debates actuales.

 

 

[1] Biología Evolutiva del Desarrollo.

[2] Filósofo español inscrito en la corriente autodenominada morfologismo filosófico.

[3] Miembro del Departamento de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad del País Vasco.

[4] Filósofo, por la Universidad Complutense de Madrid (1979) y Doctor en Filosofía por la misma universidad (1985). Fue becario del Centro de Estudios Universitarios, del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Dirección General de Universidades e Investigación (Ministerio de Educación y Ciencia), así como profesor de la Fundación Ciencias y Letras, del Centro de Enseñanza Superior San Pablo, del Centro de Enseñanza Superior Cardenal Cisneros, de la Universidad Pontificia de Salamanca.

[5] Es un filósofo de la biología y director de investigación del Centro Nacional de Investigación Científica o Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) que trabaja principalmente en temas sobre biología evolutiva y ecología.

[6] Doctora en filosofía. Su investigación se centra en conceptos de la biología como posibilidad y probabilidad, herencia y epigenética, así como en teoría evolutiva.

Alejandro Hernández Daniel

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